La arqueología mostraba ánforas, monedas y objetos llegados de todo el Mediterráneo, pero el ADN cuenta una historia mucho más estable. Los íberos mantuvieron su base genética durante seis siglos mientras incorporaban influencias extranjeras

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El análisis genómico de 54 bebés enterrados en tres asentamientos del actual territorio catalán muestra que la cultura íbera no nació de una migración masiva. Fenicios, griegos, púnicos y romanos dejaron señales genéticas puntuales, pero el sustrato local continuó dominando durante generaciones.