Un gato irrumpió en escena durante la culminación de una representación teatral de Romeo y Julieta y convirtió la tragedia en comedia. En el momento en que Romeo yacía muerto, el felino se acercó al actor, empezó a jugar con su pelo e incluso a morderlo, desatando las carcajadas del público y rompiendo por completo el clima dramático construido durante la obra.