Los paleontólogos miraron hacia el techo de una cueva cubana y encontraron un animal que no debería estar allí. Era un ictiosaurio jurásico atrapado en piedra desde hace unos 145 millones de años

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El fósil conserva una columna vertebral curvada en forma de U, costillas, vértebras aisladas y una extremidad posterior. Su ubicación en una cueva de Viñales cuenta una doble historia: la de un reptil marino de océanos antiguos y la de una roca que terminó elevada, erosionada y convertida en techo.