Waze me convence de cambiar de ruta para ahorrar tres minutos. El problema no es la app: es una trampa de nuestro cerebro

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Son las ocho de la mañana, voy de camino a Barcelona y llevo abierto Waze en el móvil, más por inercia que por verdadera necesidad: me sé el camino de memoria. La carretera no está demasiado cargada de vehículos, por eso me extraña el aviso que salta a la pantalla del teléfono: puedo ahorrarme tres minutos si voy por un camino diferente del habitual. Y ahí entra el dilema: ¿le hago caso a Waze o sigo adelante por el camino que tengo más que aprendido? La respuesta es obvia: tres minutos parece demasiado tiempo.La psicología detrás de una decisión. Pensado en frío, un ahorro de tres minutos sobre un trayecto de casi una hora tampoco supone un ahorro excesivo. El capitán a posteriori ve las cosas claras, cuando se encuentra en el meollo quien toma el control es el cerebro. Y Waze lo sabe: los desarrolladores juegan su baza a la psicología para que la sensación que nos deje el trayecto sea positiva gracias a la app. Igual que las redes sociales se aprovechan de los procesos psicológicos para que mantengamos nuestra atención puesta en ellas, Waze y otras apps de navegación usan ganchos parecidos para que nuestra percepción de uso nos haga volver a abrirlas nada más subir en el coche. Son dos los mecanismos principales que juegan en contra de nuestro cerebro:La aversión a la pérdida. La sola idea de perder algo le supone al cerebro un pequeño trauma. La teoría prospectiva aplicada a Waze nos dice que aceptamos el desvío porque nuestro cerebro procesa los tres minutos como que vamos a perderlos si no cambiamos la ruta.La falacia de la planificación. Dado que nuestro cerebro es optimista por naturaleza, toma el ahorro de los tres minutos como algo literal, un lapso de tiempo que mejora las previsiones que de por sí ya teníamos.Waze se aprovecha de nuestros sesgos cognitivos para que volvamos a ella cuando pensamos en un navegador GPS. Si tenemos la percepción de que ahorramos tiempo y combustible tendremos un gran aliciente para seguir usándola. De paso, puede rentabilizar en mayor medida dicho uso, tanto con datos en tiempo real como potenciando los anunciantes en los mapas.La paradoja: la ruta más rápida deja de serlo si todos la eligen. Ya hemos visto que la psicología juega en nuestra contra. Aun así, siempre tenemos la última palabra ante un posible cambio de ruta: podemos decidir si ahorrar tiempo o quedarnos como estábamos. Igual que cuando abre una caja de supermercado delante nuestro y hay que tomar la decisión de aventurarse o seguir en el sitio. Esta es la paradoja de Braess. En Xataka Móvil Waze, tenemos que hablar: eres el mejor eligiendo la ruta más rápida, pero me llevas por caminos de cabras Cuando se amplía la capacidad de una carretera, y los usuarios pueden tomar las decisiones de manera individual y guiándose por su propio beneficio, al final terminan colapsando la red. Cuando pasa en el supermercado, la mayor parte de los clientes que hay delante se pasan a la caja recién abierta. Y con Waze lo mismo: el ahorro de tres minutos termina siendo un retraso de diez porque los conductores se dejan guiar por el ahorro.¿Cuándo merece realmente la pena cambiar de ruta? El ahorro tiene sentido cuando supone una verdadera ventaja en relación al tiempo total de viaje. No existe un tiempo consensuado, la ventaja de Waze se amplía cuando hay incidentes activos por delante, no solo tráfico denso. Unos pocos minutos en un trayecto largo no hacen mucho, que el ahorro sea de diez o quince minutos para un viaje de una hora es otra cosa. Con otro punto a destacar: Vale la pena valorar los cambios de ruta cuando Waze, y resto de navegadores similares, detectan atascos repentinos y poco habituales en la carretera. Si el trayecto previo se hace muy largo, la alternativa puede suponer una ventaja Waze explota muy bien los sesgos cognitivos de nuestro cerebro. Proyecta un número positivo, activa la aversión a la pérdida e incita a que aceptemos el botón de aceptar. O peor: realiza el cambio directamente. Por eso intento no dejarme llevar por el mecanismo del ahorro, especialmente en carretera: lo importante no es llegar más pronto, sino llegar pudiendo contar todas las anécdotas del viaje.Imagen de portada | ChatGPT editadaEn Xataka Móvil | Elegir entre Google Maps y Waze es de lo más difícil: el precio de la gasolina ha decidido con cuál me quedo (function() { window._JS_MODULES = window._JS_MODULES || {}; var headElement = document.getElementsByTagName('head')[0]; if (_JS_MODULES.instagram) { var instagramScript = document.createElement('script'); instagramScript.src = 'https://platform.instagram.com/en_US/embeds.js'; instagramScript.async = true; instagramScript.defer = true; headElement.appendChild(instagramScript); } })(); - La noticia Waze me convence de cambiar de ruta para ahorrar tres minutos. El problema no es la app: es una trampa de nuestro cerebro fue publicada originalmente en Xataka Móvil por Iván Linares .