Hace más de 2.000 años, un bibliotecario de Alejandría midió el tamaño de la Tierra con una precisión asombrosa. Su herramienta no fue un telescopio, sino un palo, el Sol y una regla de tres

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Eratóstenes estimó la circunferencia terrestre alrededor del año 240 a. C. usando la diferencia entre las sombras de Alejandría y Siena. Su cálculo quedó sorprendentemente cerca de la medida moderna y sigue siendo una de las demostraciones más elegantes de la historia de la ciencia.