Desde el túnel de lavado donde José y Ernesto secan y pulen coches de turistas no se ven los grandes hoteles de Cancún. Tampoco el mar, aunque está a escasos kilómetros. En la vecina localidad de Alfredo V. Bonfil nombrada en honor al líder campesino mexicano ya nadie cultiva el campo y pocos son mexicanos: entre el pueblo y la costa se interponen la jungla impenetrable y la autopista que va al aeropuerto. Aquí, los recién llegados al país trabajan jornadas exhaustivas de 11 horas, en la trastienda del Caribe.Seguir leyendo....