La sequía que azotó la zona cuenca mediterránea entre 2022 y 2025 llevó los embalses de Catalunya al 14% de su capacidad, provocando que, en marzo de 2024, más de la mitad del agua potable suministrada en el área metropolitana procediera de fuentes no convencionales agua desalinizada y agua regenerada porque no había otra alternativa. El sistema aguantó, pero por los pelos. "Si la situación se hubiera prolongado dos o tres meses más, la pintura habría sido muy distinta", admitió Francesc Castillo, director de Operaciones de Aigües de Barcelona ante el Consejo del Agua de El Periódico.Seguir leyendo....