La Familia Real noruega atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. A la preocupación por el estado de salud de la Princesa Mette-Marit y la incertidumbre que rodea el futuro judicial de Marius Borg se suma ahora una nueva controversia que tiene como protagonista a la Princesa Ingrid Alexandra. La heredera de Haakon de Noruega ha regresado antes de lo previsto de Australia para permanecer cerca de su madre, pero su vuelta al país ha terminado generando un inesperado debate. La joven, que cursaba sus estudios en la Universidad de Sídney, continuará su formación académica en la Universidad de Oslo durante el próximo semestre. Sin embargo, su admisión ha despertado numerosas preguntas después de que trascendiera que la solicitud para acceder al programa de intercambio llegó cuando el plazo oficial ya había finalizado. La polémica ha adquirido especial relevancia en un momento especialmente sensible para la monarquía noruega, sometida desde hace meses a un intenso escrutinio público por los problemas de salud de varios de sus miembros y por el proceso judicial que afecta a Marius Borg. Según publicó 'Uniforum', el periódico digital de la Universidad de Oslo, el plazo para presentar solicitudes de intercambio concluyó el pasado 1 de mayo. Sin embargo, la documentación procedente de la Universidad de Sídney en nombre de Ingrid no llegó hasta el 8 de mayo, una semana después de la fecha límite establecida. La información provocó una inmediata oleada de comentarios en Noruega, donde algunos sectores comenzaron a preguntarse si la hija de los príncipes había recibido un trato preferente por su condición de futura reina. Las dudas crecieron especialmente porque el anuncio de su regreso al país se produjo tras conocerse el empeoramiento de la fibrosis pulmonar que padece Mette-Marit y su inclusión en la lista de espera para un trasplante de pulmón. Ante la repercusión generada, el director de estudios de la Universidad de Oslo, Audun Digerud, salió al paso de las críticas. «Algunos socios tienen plazos diferentes a los nuestros, o pueden ocurrir errores que provoquen que las solicitudes lleguen después del 1 de mayo. Por lo tanto, somos flexibles cuando es posible, como en este caso en el que recibimos la solicitud el 8 de mayo», explicó al citado medio. Desde la institución académica insisten en que no se ha realizado ninguna excepción específica para la princesa. Según explican, la flexibilidad con determinados programas de intercambio internacionales forma parte de una práctica habitual que se viene aplicando desde hace años y no responde a una decisión adoptada únicamente para este caso. Además, Digerud defendió que la Universidad de Oslo mantiene acuerdos con numerosos centros internacionales cuyos calendarios académicos no siempre coinciden con los plazos noruegos. Por ello, aseguran que aceptar solicitudes durante los primeros días de mayo no constituye una anomalía dentro de este tipo de programas. La propia universidad confirmó posteriormente la admisión oficial de Ingrid Alexandra en la Facultad de Ciencias Sociales para el próximo curso. La rectora, Ragnhild Hennum, celebró públicamente la incorporación de la heredera. «Nos complace dar la bienvenida a Su Alteza Real la princesa Ingrid Alexandra a la Universidad de Oslo, donde encontrará un excelente entorno académico», afirmó. La controversia llega en un momento especialmente complejo para la Casa Real noruega. El Rey Harald continúa arrastrando problemas de salud derivados de los últimos años, mientras que la situación de Mette-Marit mantiene en vilo al país después de que la Casa Real confirmara recientemente que la enfermedad pulmonar que padece ha evolucionado de forma preocupante. A ello se suma el caso de Marius Borg, hijo mayor de la princesa heredera, que espera la resolución judicial de uno de los procesos más delicados que ha afrontado la monarquía noruega en décadas. Precisamente, la gravedad del estado de salud de su madre ha sido uno de los argumentos utilizados recientemente por su defensa para solicitar cambios en su situación penitenciaria. En medio de este escenario, la decisión de Ingrid Alexandra de regresar a Noruega para permanecer cerca de su familia parecía una medida comprensible. Sin embargo, la revelación de los detalles de su matrícula universitaria ha abierto un nuevo frente para una institución que lleva meses intentando contener una sucesión de crisis que no parece dar tregua.