El Papa León XIV termina hoy la primera de las tres etapas de las que consta su viaje a España, si lo dividimos concediendo a Madrid, Barcelona y Canarias la titularidad de cada una de esas etapas. Por eso es un buen momento para charlar de lo que han sido estos tres días –estas líneas se escriben poco antes de que dé comienzo el encuentro del Bernabéu... el encuentro del Papa en el Bernabéu, queremos decir– y no nos referimos a algunas cosas que ya ha comprobado León XIV como testigo privilegiado, caso de Siloé marcándose un U2 y luego desdiciéndose, no sea que se vaya a poner en cuestión la vitola indie en plena época festivalera; lo pertinaz que puede ser Miriam Nogueras, en plan stopper para dar la chapa al pontífice con su land o si ya le ha llegado la camiseta del Real Madrid que le ha prometido Florentino Pérez con el 'número 2'... perdón, perdón, con el uno, con el uno, queríamos decir.Lo primero que hay que decir es que seguro que León XIV se está llevando una estupenda imagen de España como país. Es cierto que España es una gran organizadora, no hay duda, y que el personal encuentra fiesta rápido, con cualquier disculpa. Le cogió el tranquillo con la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona y luego no ha dejado de demostrarlo... pero, al final, es cierto, España cuando quiere gustar, gusta.En cualquier caso, León XIV, aunque no lo supiera, venía con buena parte de los deberes hechos para acaparar el foco de atención mediático como nunca antes lo había hecho ningún Papa. Y no nos referimos a la reciente publicación de su encíclica Magnifica Humanitas y los planteamientos sobre la doctrina social de la Iglesia y el humanismo cristiano en tiempos de la Inteligencia Artificial que contiene, qué va, nos referimos a dos cuestiones mucho más mundanas: en primer lugar está su enfrentamiento con Donald Trump por distintas cuestiones, comenzando por el conflicto de Oriente Medio, lo ocurrido en Venezuela o las continuas amenazas a países como Cuba y, por supuesto, su posición a favor del respeto y la dignidad de las personas migrantes. Se trata de dos temas nucleares en la agenda del Gobierno y, tal y como viene sucediendo desde el fin de semana, también de RTVE, que concatena prácticamente un especial informativo con otro a lo largo del día, un día y otro. Vaya, que ni la Cope puede seguir ese ritmo aunque lo pretendiera...Jefe de Estado y jefe de la IglesiaEl caso es que el Papa está todo el día en la tele. Unas veces es más bien León XIV –en los actos multitudinarios, como el de la plaza de Cibeles o el Bernabéu, pero también en otros muy simbólicos como el del barrio de Lucero–, el papa, de visita apostólica a España, y otras es más bien el señor Robert Francis Prevost, jefe del pequeño estado de El Vaticano, cuando tiene que pasar revista a las tropas en el Palacio Real o ir a dar un discurso al Congreso de los Diputados, modo Cortes Generales. Y claro, ante esta presencia desmedida, surgen varias preguntas que hacen que se le vean las costuras a lo que nos llega del tratamiento informativo que está recibiendo. Nos vamos a ser prolijos, vamos a formular solo dos, una de cada lado. Si el Papa es el líder supremo de la religión católica y España es un país aconfesional (ciertamente no es laico, pero sí aconfesional), ¿por qué este seguimiento desde los medios públicos nacionales, máxime cuando los controla sin ningún rubor la izquierda? Y segundo, si el Papa está en España como jefe de un estado que no llega al kilómetro cuadrado, qué importancia tiene entonces lo que haga o diga para darle ese seguimiento, que multiplica por 3 ó 5 ó por dios sabe cuánto el que se daría a Donald Trump, Emmanuel Macron o Carlos III?Por supuesto, por supuesto, todos sabemos y somos conscientes de que León XIV, por el mero hecho de ser Papa, es un líder mundial y que sus opiniones pesan infinitamente más que las que pueda tener el regente de otro estado minúsculo, caso de Alberto de Mónaco, por poner un ejemplo cercano. Pero claro, los dos o tres requiebros políticos han complacido a nuestros políticos en el poder, que lo enaltece continuamente con "histórico", "valiente", "hombre de su tiempo", etc, para convertirlo en un líder político y social cuyo pensamiento va más allá del hecho religioso. Y en esas siguen. Y en esas van a estar toda la semana, independientemente de que León XIV no haya mostrado por ahora –es cierto que solo lleva un año de Papado– novedad alguna para las mujeres en la Iglesia, se haya mostrado en contra del aborto, la eutanasia o se ponga un tanto de perfil ante los abusos, precisamente alineando estos conceptos con los de "las redes de cuidados" que él mismo propone para la vida de las personas migrantes o las víctimas de las guerras.Podemos lo vio venir –todo lo han visto, no seamos hipócritas–, pero solo los morados y el BNG han rechazado con su ausencia "que el templo de la democracia se convierta en una iglesia" o "la celebración de una sesión extraordinaria para recibir a un líder religioso", en palabras de cada uno de estos grupos... vaya, que no ha colado lo de jefe del estado Vaticano.En el contexto político actual que se vive en España, con el ala socialista del Gobierno cercada por distintos casos de corrupción –la 'patrulla' de Leire, Zapatero, Ábalos y Cerdán, Begoña y el Hermanísimo– , nadie ha hecho mejor resumen de lo que significa la visita del Papa que la periodista de El País Berna González Harbour, que en una columna utiliza a modo de consigna 'Papa, Mundial, Verano y Presupuestos', toda una declaración de intenciones de que de lo que se trata, de lo que de verdad se trata, es de aprovechar estas cuatro palabras para desviar la atención de la política nacional durante las próximas semanas. Más que si lo conseguirá el PSOE o no, lo que cabe preguntarse es si habrá camiseta para lucirla –la de la consigna– en las playas y terrazas...