El viaje del Papa León XIV a Barcelona será uno de los últimos servicios del cardenal Juan José Omella a la ciudad de la que es arzobispo desde 2015. El pasado 21 de abril cumplió 80 años, la edad límite a la que los obispos deben cesar en su cargo. «He aprendido mucho aquí en Cataluña. Cuando me toque marchar llevaré en mi corazón una gran admiración por esta tierra y sus gentes», explica a ABC. Recibirá al Papa en Madrid, pero será su anfitrión en la Ciudad Condal, donde podría realizar alguna otra visita fuera de agenda. Su sueño es que la visita de León XIV contribuya a que «todos -administración, sociedad civil e Iglesia- trabajemos juntos por el bien común». ¿Qué ha sido lo más difícil de preparar para este viaje? Está siendo una experiencia muy intensa en todos los sentidos. No me podía imaginar que hubiera que tener en cuenta tantos temas. Afortunadamente, en Barcelona constituimos una comisión de trabajo presidida por uno de los obispos auxiliares, que está haciendo un trabajo descomunal con mucha paciencia y sin perder la alegría por la gran noticia de la visita del Papa. Usted fue uno de los primeros que invitó al Papa León XIV a España. ¿Qué le llevó a aceptar? Se lo tendríamos que preguntar a él... Cuando fue elegido Papa, me acerqué y le recordé que habíamos invitado a Francisco a Barcelona para el centenario del fallecimiento de Gaudí y la bendición de la Torre de Jesucristo. Sin decir ni sí, ni no, mostró una expresión de interés. Más tarde vino la carta de invitación formal y el apoyo de tantas otras instituciones de la Iglesia y de la administración. ¿A qué me aconseja estar atento durante la visita del Papa? Un momento importante será la celebración de la Eucaristía en la Sagrada Familia. Tuve el regalo de estar allí cuando vino Benedicto XVI. Se notaba el asombro con el que observaba la basílica, constantemente alzaba la mirada, impresionado por su belleza. «Alzad la mirada» es el lema de esta visita. Escucharé con atención lo que nos diga León XIV, pero también estaré muy atento a sus gestos, a su rostro y, sobre todo, a su mirada, muy expresiva y tierna. Con él alzaremos la mirada no solo al techo del templo, pues en la bendición de la torre de Jesucristo lo haremos hacia la Cruz que la corona. ¿Cómo es la Barcelona que encontrará el Papa? Desde hace unos años, estamos viviendo un bellísimo momento de cambio interior, de acercamiento a la fe de muchos jóvenes y adultos. Ya no es la secularizada Barcelona de la que se acostumbraba a hablar. Déjeme darle un dato. Cuando se abrió la posibilidad de inscribirse a la vigilia en el Estadi Olímpic, las invitaciones se agotaron a los pocos minutos. En los primeros minutos se llegaron a detectar 300.000 ordenadores conectados al mismo tiempo. Cada uno podía obtener cuatro invitaciones, por lo que había más de 1 millón de personas interesadas. Lamentablemente el aforo es limitado y no todos lo podrán ver allí. ¿Cómo surgió la idea de que visite la cárcel de Brians? Cuando se le presentó la propuesta le pareció muy conveniente, pues es sensible al dolor de los más vulnerables y excluidos de la sociedad. Es una invitación a todos a la conversión, al cambio de vida y a la petición de perdón y reconciliación. También se reunirá con varias iniciativas de caridad de la Archidiócesis. Es precioso que haya aceptado visitar una parroquia del barrio del Raval. Allí conviven personas sencillas de muchos países y habitan por las calles otras en situación de gran vulnerabilidad. Desde hace años, la atienden los agustinos, la orden religiosa del Papa. Pero en esa parroquia se encontrará con representantes de muchísimas instituciones de la Iglesia que dedican su tiempo y recursos a personas necesitadas. ¿Tendrá tiempo para encontrarse con la clase política? La clase política y la sociedad civil se han volcado con la visita del Papa a Barcelona. Miles de representantes civiles y políticos han pedido participar en los actos de la Sagrada Familia y del Estadi Olímpic. Participarán como uno más en estos actos. Escucharán y recibirán al Papa, unidos con el resto del pueblo y la sociedad a la que sirven. León XIV ha contribuido a la «despolarización». ¿Espera que contribuya también a enfriar el debate público en España? La polarización no es un problema exclusivo de España. Ojalá descubramos que otro camino es posible. Cuando hablo con los jóvenes descubro un cierto cansancio a este modo de hacer política, basado en el titular, en el «y tú más» y la confrontación. Ellos son el motor del cambio. Rezo mucho por ellos. La clave está en mirar lo mucho que nos une y en recordar que aquí estamos de paso y que al cruzar la puerta de esta existencia vamos a ser examinados en el amor. Esta visita también significa mucho para usted, pues ha presentado la renuncia por motivos de edad. ¿Qué balance hace de estos años? La renuncia la presenté hace cinco años. Es cierto que llegado a los 80 años uno reconoce que necesita dejar paso a otros e iniciar una etapa más relajada, más libre de la gestión y la responsabilidad, para dedicarse más a la escucha, al consejo, a la oración y a la atención espiritual. ¿Qué ha sido lo más difícil y qué ha sido lo que más satisfacciones le ha dado en su etapa como arzobispo? Agradezco a Dios haber podido vivir mi ministerio episcopal en un momento de ebullición espiritual y misionera en la diócesis, haber tenido la oportunidad de vivir este punto de inflexión. Es un momento apasionante. Lo más exigente es ayudar a vivir este proceso en comunión, aceptando, en ocasiones, hacerlo más lentamente para sumar a todos en este camino.