A la Iglesia se le pueden hacer muchas críticas. Es fácil y hasta justo porque, como institución formada por seres humanos, no le faltan los motivos a lo largo de dos milenios. Faltaría más. Pero ahora que el papa anda por aquí, ahora que en ese escenario de Madrid no caben más andaluces expresando su fe desde todas las perspectivas artísticas, me sobrecogen una vez más las verdades del barquero que siempre les escuecen a los más críticos: no hay institución que haya sobrevivido a la Iglesia, que basa todo su poder en la palabra de Jesús. Son verdad el Vaticano, la historia, la influencia, el arte, las corrupciones, el boato, la riqueza, las contradicciones, las interpretaciones, las hipocresías. Todo eso es verdad. Pero al final, incluso hoy que vemos al papa sentado en una silla todo lo lujosa que se quiera -pero un tipo sentado en una silla- es evidente la verdad a la que me refiero: todo el poder de la Iglesia se basa en la palabra de un tipo que convenció a la mayor parte del mundo de que era Dios haciendo todo lo contrario de lo que la mayor parte del mundo hubiera esperado hasta entonces de Dios: nacer miserablemente de una pareja humilde, criarse pobremente en un rincón de aquel imperio que también iba a caer, juntarse con los últimos, predicar aparentes sinsentidos como que había que amar a los enemigos, cuestionar los poderes de este mundo y reducir toda la literatura fantástica de los preceptos a uno solo: amaos los unos a los otros como yo os he amado, es decir, muriendo por vosotros. No hay más. religiónSara Baras rinde homenaje a Paco de Lucía en su actuación ante el Papa León XIV María CrisolEl misterio insondable de que la superioridad moral y ética de los seres humanos consista en amalgamarse con el otro como si el otro fuera uno mismo, en dejarse pisar como la semilla al servicio de la nueva creación, no tiene parangón con ninguna filosofía. Es imbatible. Por eso sigue el papa sentado en esa silla, como si todavía tuviera bancos, ejércitos, congresos a su disposición. Como si tuviera algo más que el poder de su palabra. La palabra de Dios. Y eso que todo lo que trasciende casi a diario de la Iglesia sigue siendo lo peor de los seres humanos que manejan una institución una y múltiple desde el punto de vista mundano: falsedades y abusos por doquier, la doble cara de quienes predican una cosa y hacen otra, la indigna tapadera de quienes ocultan las tropelías de los suyos pensando que su reino no es de este mundo solo cuando la Justicia de aquí abajo amaga con levantar sus alfombras de aquí abajo también. religiónAntonio Banderas emociona al Papa León XIV al hablar de la Semana Santa de Málaga: "He sido víctima del hechizo de Dios" María CrisolDe la Iglesia suele resonar el cascabel amargo de sus múltiples formas de llegar a Dios mientras unas se miran de reojo a otras: la religiosidad popular frente a toda esa teología de hilo fino que entreteje con elegancia los negocios de este mundo; los grupos selectos que se creen especiales -como lo creyó la madre de Santiago y Juan cuando le pidió a Jesús que sentara a sus hijos uno a la derecha y otro a la izquierda- frente a todos esos grupos sin selección natural siquiera que deambulan por el mundo olvidados de la letra pequeña de los Evangelios porque tienen la tranquilidad de que toda su buena noticia puede resumirse en una frase, en un gesto, en una sonrisa de quien murió pidiéndole al Padre que los perdonara porque no sabían lo que estaban haciendo, total. Y sin embargo, llega el papa ahora, con su cándida sonrisa de intelectual sin libros, y lo único que cuenta es la nostalgia dura de que Dios hechizó al mundo enviándonos a su Hijo y de que este tipo, que era tan Dios como su Padre, nos hizo un resumen tan insuperable de lo que debíamos hacer para alcanzar el Reino de los Cielos que lo incomprensible es que ese Reino siga esperándonos con las puertas abiertas de par en par sin que queramos del todo entrar en él porque seguimos haciendo nuestras propias cuentas como las hacen aquí abajo, o sea, mirando hacia nuestro propio ombligo, y así es imposible concentrarnos en la otredad, que es la sencilla clave que aquel Hijo del carpintero vino a explicarnos mientras se agachó para lavarles los pies a sus amigos. Viene el papa a pesar del merchandising e incluso a los nada críticos con la Iglesia se les caen los palos de sus propios sombrajos porque reconocen en la sencillez de su discurso abierto a los otros –sean quienes sean esos otros, todos, de todos los colores y condiciones- el motivo fundamental por el que el Reino de los Cielos continúa más allá de las nubes a pesar de que no fuera ese el plan inicial. Ya se sabe lo que pasa con los caminos del Señor.