La paradoja de esta ciudad hace que critiquemos que esté quedando una Sevilla de postal y, a la vez, que la denostemos al límite con mensajes de que está sucia y decadente. Que el Centro está entregado a los pisos turísticos y las maletas, y que los parroquianos han sido despedidos de sus bares por culpa de Instagram. Más o menos, los que hacemos todos cuando viajamos, buscar hospedaje cerca de los sitios de interés y disfrutar de la gastronomía del destino según las recomendaciones encontradas en internet. Pero dudo de que el extranjero que venga a la capital hispalense atraído por su patrimonio y sus fiestas espere encontrar aquí una Nápoles, en la que el caos y el deterioro... Ver Más