De la mezquita al Mundial: el viaje de fe, filantropía y fútbol de Sadio Mané

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Este viernes 16 de junio abre el fuego el grupo I con un Francia-Senegal, reedición del partido inaugural del Mundial de 2002 que acabó con un histórico 1-0 a favor de los 'Leones de la Teranga' (en el idioma wolof, teranga significa hospitalidad, generosidad, valor sagrado en el país africano, por lo que podría traducirse como 'Leones de la hospitalidad', curioso oxímoron). Entonces, Sadio Mané (Sedhiou, 1992) apenas tenía 10 años. Hoy es la gran estrella de la selección africana . A sus 34 años, el actual delantero del Al-Nassr llega al Mundial 2026 libre de las lesiones que lo marginaron de la edición anterior y con una misión que trasciende lo estrictamente deportivo. El máximo goleador histórico Senegal, cuya devoción por el Islam y su masiva obra social en Bambali han redefinido el concepto de ídolo moderno, lidera la expedición africana en Norteamérica bajo una premisa inquebrantable: que el éxito en la cancha es solo una extensión de su fe y del compromiso con su pueblo. En la historia moderna del fútbol, pocos perfiles combinan tan equilibradamente la excelencia en la élite con una humanidad y filantropía desbordante, hasta convertirlo en un icono global que trasciende los campos de fútbol, sobre todo en su país, donde es un embajador de la humildad y un musulmán devoto. Ídolo en Anfield, donde conquistó la Champions League en 2019, Mané llamó la atención por su desapego total hacia la opulencia y su recuerdo permanente hacia sus raíces humildes. «¿Para qué quiero diez Ferraris, veinte relojes de diamantes o dos aviones? ¿Qué harán esos objetos por mí y por el mundo? Yo pasé hambre, trabajé en el campo, sobreviví a tiempos difíciles y jugué descalzo. Hoy prefiero construir escuelas y dar comida o ropa a la gente pobre», comentó durante una entrevista con el medio de comunicación senegalés TeleDakar, en octubre de ese año. Una frase que le define. De hecho, una imagen suya hablando con un móvil que tenía la pantalla rota dio la vuelta al mundo. Un reflejo de la forma de pensar de Mané, que prefiere destinar su dinero a la transformación estructural de Bambali. Gracias a su altruismo, su aldea natal cuenta hoy con un hospital moderno de última generación, una escuela pública de educación secundaria, redes de conectividad 4G avanzadas, una estación de servicio y subsidios económicos mensuales para las familias en condiciones de extrema pobreza. Su altruismo viene marcado por su fe en el islam, que actúa como motor diario y brújula inquebrantable en su rutina diaria. Sadio Mané es musulmán suní (corriente ortodoxa y tradicional del islam) practicante y considera que sus logros son designio de Allah. Es habitual verle celebrar los goles realizando el 'Sujud' (la postración sobre el césped tocando el suelo con la frente en señal de máxima gratitud). De la misma manera construye infraestructuras en su país siguiendo sus convicciones de caridad islámica, el Zakat (limosna obligatoria que todo musulmán con capacidad económica debe pagar anualmente para ayudar a los necesitados y que representa el tercer pilar del islam; no se considera una simple caridad voluntaria, sino un deber religioso y un acto de justicia social encaminado a purificar la riqueza). El delantero no se salta ningún precepto: No consume alcohol, realiza las cinco oraciones diarias prescritas por el islam sin importar las exigencias del calendario de competición y cumple estrictamente el ayuno sagrado durante el mes de Ramadán. Una devoción que procura vivirla involucrándose de manera directa y anónima en las actividades de las mezquitas de las ciudades donde reside. Mané no solo ayuda de forma económica, sino que demuestra con actos su compromiso, algo inusual en grandes estrellas del firmamento futbolístico. Una conocida anécdota ilustra su personalidad. Ocurrió durante su etapa en el Liverpool, club en el que militó entre 2016 y 2022. Seis temporadas en las que jugó 269 partidos y anotó 120 goles. Cuentan que pocas horas después de haber jugado un partido crucial de la Premier League y de haber anotado un gol, Mané acudió a su mezquita habitual. Al notar que el encargado de las instalaciones estaba sobrecargado limpiando los baños públicos del recinto antes de los rezos comunitarios, el futbolista no lo dudó. Se arremangó los pantalones, tomó una escoba, un balde de agua y se puso a limpiar los sanitarios junto a él. Un feligrés lo reconoció y grabó un video breve que se hizo viral en las redes sociales. Cuando se le preguntó al respecto, Mané se sintió visiblemente incómodo por la atención recibida, argumentando que limpiar la casa de Dios es un deber de humildad básico para cualquier creyente, independientemente de si eres una estrella de fútbol mundial. No es la única anécdota que define su forma de ser. En un partido de la Champions League contra el Oporto, un joven recogepelotas de las categorías inferiores del Liverpool se pasó todo el calentamiento mirándolo con absoluta admiración. Al terminar el partido, mientras el resto de las estrellas corría hacia los vestuarios, Mané cruzó el campo buscando al chico. No solo le regaló su camiseta del partido, sino que se quedó charlando con él varios minutos, dándole consejos sobre cómo mejorar sus regates y animándolo a no dejar nunca de entrenar. Un reflejo de que el delantero no ha olvidado sus orígenes y cómo comenzó a jugar a fútbol: cuando tenía 15 años se escapó en secreto de su aldea, rumbo a Dakar para participar en unas pruebas de captación de jóvenes talentos. Viajó sin dinero y con ropa vieja. Al llegar al campo, un hombre mayor lo miró de arriba abajo con incredulidad y dudó de su capacidad. «Por favor, déjeme jugar y verá», le imploró Mané. A los diez minutos de entrar al terreno de juego con sus botas amarradas con cuerdas, el ojeador quedó tan impactado por su velocidad y habilidad que lo apartó del grupo de inmediato. Le compró una equipación nueva y lo fichó para la prestigiosa academia Génération Foot. Esa valentía cambió su vida para siempre. Bajo la dirección técnica de Pape Thiaw, Mané ejerce como el nexo perfecto entre las viejas glorias de la selección y las jóvenes promesas emergentes del fútbol senegalés. Su madurez quedó demostrada una vez más durante la tormentosa final de la Copa Africana de Naciones frente a Marruecos el pasado mes de enero. En medio de un conato de boicot y tensiones extremas donde varios de sus compañeros amagaron con abandonar la cancha en señal de protesta, fue Mané quien asumió el rol de pacificador, calmando los ánimos del plantel y exigiéndoles regresar al terreno de juego para dirimir el campeonato con honor a través del fútbol. No obstante, la CAF otorgó el campeonato a Marruecos finalmente tras aplicar el reglamento de abandono de campo debido a las protestas del equipo senegalés durante el partido. Sadio Mané tratará de guiar a Senegal a los dieciseisavos de final en un grupo complicado en el que deberá competir con Francia, Irak y Noruega. Pero para los 'Leones de la Teranga', el delantero es mucho más que el portador del brazalete de capitán, es el alma protectora del equipo. Con más de 50 goles es el líder del equipo que ha guiado a su selección hacia la clasificación del Mundial tras perderse el de Qatar 2022 a causa de una grave lesión de rodilla de última hora.