Europa prepara una ofensiva contra las gafas inteligentes de Meta por riesgo de vigilancia masiva

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La expansión de las gafas inteligentes impulsadas por inteligencia artificial ha abierto un nuevo frente regulatorio en Europa. Instituciones comunitarias, autoridades de protección de datos y eurodiputados estudian endurecer las normas aplicables a estos dispositivos ante el temor de que puedan convertirse en herramientas de vigilancia capaces de grabar, analizar e identificar a personas sin su conocimiento.Y si hablamos de gafas inteligentes, la referencia directa son las Meta Ray-Ban que ha desarrollado la compañía que lidera Mark Zuckerberg. El impacto inicial en términos de ventas de estos dispositivos ha acelerado el debate en la Unión Europea sobre los límites de la privacidad en espacios públicos.Tanto legisladores como asociaciones se muestran especialmente preocupados ante el potencial que estos dispositivos poseen en materia de registro de información. En particular, las preocupaciones se centran en la protección de los datos personales, incluida la imagen de terceros, y en la necesidad de garantizar un consentimiento efectivo de las personas potencialmente afectadas por las grabacionesLa privacidad, comprometida a nuevos niveles por las gafas inteligentes La preocupación se acentúa conforme se conocen detalles que envuelven a la operativa de los datos recopilados por las gafas inteligentes de Meta. Así, informaciones recientes destacaban el riesgo de que aspectos sensibles de los usuarios como fotografías o sus datos bancarios formaran parte de los datos que analizaba la compañía contratada por Meta para perfeccionar los sistemas de sus gafas. A pesar de que Meta afirma que el reconocimiento facial está desactivado y que las gafas usan una luz LED para avisar cuando están en funcionamiento, la mera presencia de esta tecnología ya ha despertado la alarma de reguladores y defensores de los derechos civiles, tal como recoge Politico.Bruselas teme que la legislación actual no sea suficiente. Mientras las normas europeas sobre protección de datos ya imponen restricciones al tratamiento de información biométrica, las autoridades consideran que las gafas inteligentes plantean escenarios completamente nuevos, al combinar reconocimiento visual, inteligencia artificial y captura permanente de información del entorno.Bruselas busca un marco regulatorio común para los estados miembroEntre quienes han mostrado su posición ante las gafas inteligentes de Meta se encuentra la eurodiputada Veronika Cifrová Ostrihoňová, del partido Eslovaquia Progresista. Ostrihoňová considera que la legislación que rige sobre estos dispositivos debe afrontar aspectos clave y de protección de las mujeres, dado que tienen el potencial de "dirigirse a las mujeres de una manera indeseada e inaceptable en el mercado europeo".Una línea defendida por el máximo responsable de la institución sueca de protección de datos, Eric Leijonram, quien señaló que es necesario afrontar un debate global que delimite el uso de este tipo de elementos así como el material que registran, recopilan y el uso para el que se destina: "Necesitamos debatir sobre esto y asegurarnos de que sea aceptable en nuestra sociedad, de que los demás comprendan realmente cuándo se utilizan estos dispositivos para filmar o grabar", apuntó a Politico.El Comité Europeo de Protección de Datos también ha movido ficha ante el auge de la preocupación de asociaciones y representantes políticos. Para ello, el organismo que engloba a los responsables en materia de privacidad de los estados miembro ha encargado un informe que debería estar listo antes del otoño sobre los riesgos que pueden derivar de ese tipo de dispositivos para afrontar los pasos posteriores en materia de protección de los ciudadanos de la Unión Europea.Si bien la aplicación del RGPD corresponde a cada estado miembro, los legisladores urgen a la Comisión Europea respuestas ante los nuevos escenarios que se abren en materia de privacidad con dispositivos como las gafas inteligentes de Meta. El equilibrio será complejo entre garantizar los derechos de los usuarios y no soliviantar a Estados Unidos en materia comercial.