Unos zapatos llenos de polvo. Y algo más que los zapatos. También la ropa, los bajos del traje, esa franja discreta donde la calle firma su paso sin pedir permiso. Ahí estuvo este año una de las imágenes más verdaderas del Corpus de Toledo. No en el encuadre solemne, ni en el brillo disciplinado de la mañana, ni en la ciudad mirándose de reojo en su propia grandeza. Estuvo abajo. En el polvo del tomillo . En esa señal leve, seca, casi campesina, que se pegó a quienes caminaban delante y detrás del Señor. También a mí, que participé como hermano de la Antigua, Ilustre y Real Cofradía de la Santa Caridad. Toledo volvió a hacer lo que solo Toledo... Ver Más