El calendario rara vez resulta inocente. El primer caza del programa Halcón I salió de la línea de montaje pocos días antes de que el gran proyecto europeo de avión de combate de nueva generación se quedara sin recorrido. La coincidencia dibuja el escenario real de la aviación de combate española para las dos próximas décadas.La presentación tuvo lugar en la factoría que Airbus Defence and Space mantiene en Getafe, a las afueras de Madrid. Se trata de un biplaza, el primero de la llamada Tranche 4 o Bloque 60, la configuración más avanzada del caza europeo. El Ejército del Aire y del Espacio recibirá veinte aparatos de esta primera tanda y las entregas iniciales se esperan para 2026. El contrato que lo hizo posible se firmó en 2022, en plena feria aeronáutica de Berlín. El aparato ya prepara su prueba de motor y queda a la espera del vuelo inaugural.Detrás de ese estreno hay una decisión de fondo que va mucho más allá de sumar veinte aviones. España ata buena parte de su poder aéreo a una plataforma diseñada en los años noventa y renovada a conciencia. La cuestión de calado es cuánto tiempo ese caza tendrá que sostener el peso de toda una fuerza aérea. Ahí está la verdadera apuesta.Un radar que la flota no teníaSegún detalla defensa.com, el salto más relevante de esta versión vive en su electrónica. Es la primera vez que un caza español monta un radar de barrido electrónico activo, el modelo ECRS Mk1, también llamado Captor-E. Esa tecnología AESA, comparable a su radar AESA de última hornada, estaba ausente en la flota hasta ahora. El cambio frente a los radares mecánicos resulta de otra magnitud. Un concepto del FCAS, el avión que ya no seráCon ese sistema, el caza detecta y sigue a la vez un número mayor de blancos y a más distancia. También gana resistencia ante las contramedidas electrónicas del adversario y mejora su trabajo en combate aéreo y contra objetivos en tierra. La operación, bautizada como el programa Halcón, contempla además una segunda fase con la que el Ejército del Aire sumará veinte cazas nuevos y otros tantos después. La meta final ronda los cuarenta y cinco aparatos, entre el Halcón I y el Halcón II.La baza aérea para las próximas dos décadasEl estreno gana otra dimensión al mirar lo que ocurre en el resto de Europa. El programa para construir el caza del futuro, en el que participaban Francia, Alemania y España, acaba de descarrilar tras años de disputas. Con el proyecto FCAS en el aire, el horizonte de un sustituto de sexta generación se aleja un buen puñado de años.Eso convierte cada uno de estos aviones en una pieza más valiosa de lo que parecía sobre el papel. La modernización del caza deja de ser un puente entre generaciones para volverse la columna del poder aéreo nacional durante buena parte del siglo. Los veinte aparatos de esta primera tanda, y los que lleguen luego, tendrán que cubrir el relevo de los veteranos F/A-18 de Canarias y aguantar la espera de un caza europeo que hoy nadie sabe cuándo volará. La cuenta atrás de ese relevo ya corre.