Menudo espectáculo, el cine. Y menudo delirio. Cientos de individuos, en cola y expectantes, para observar durante dos horas a otro ser humano como ellos. O casi. Más apuesto y conocido, de acuerdo. Aunque él también fue uno cualquiera, un muchacho de Lexington, en medio de Kentucky. El chico creció y se hizo muy célebre. Hoy tiene 64 años, un rostro y hasta una voz inconfundibles. Se diría, en realidad, que lo tiene todo. Amor, éxito, celebridad, dinero. El mundo le adora, se supone que vive el sueño. ¿O no? “Solo soy un actor que se ha hecho famoso”, dice George Clooney en la pantalla. Encarna a un intérprete en crisis de identidad, el que da el título a Jay Kelly, de Noah Baumbach, película que compite en la sección oficial del festival de Venecia. Inevitable preguntarse si, de alguna forma, se representa a sí mismo. Seguir leyendo