La puntualidad en el trabajo es uno de esos temas que parecen menores hasta que dejan de serlo. En muchas empresas se asume como un detalle que suele resolverse con cierta flexibilidad cotidiana: el atasco, el transporte público, llevar a un niño al colegio o una reunión que se alarga. Pero esa aparente normalidad puede chocar con la realidad de la jornada y del registro horario. Cuando la entrada y la salida están medidas, el retraso deja de ser una anécdota y se convierte en un dato, acumulable día a día. Y ahí es donde una pregunta empieza a inquietar: ¿puede tener consecuencias en el salario, incluso sin que medie una sanción?Seguir leyendo....