Para los ciudadanos de ciertas partes de Europa es ya normal que su ejército le aconseje caminar más de 10.000 pasos diarios y hacer un interminable número de abdominales al levantarse, o que su ayuntamiento habilite partidas presupuestarias para rehabilitar los refugios contra bombardeos, o que su Gobierno le haga llegar a casa una lista con los ocho productos que, sí o sí, debe tener guardados para resistir en caso de crisis, o que el Ejecutivo dé soporte a una red de clubes de reservistas militares para organizar fines de semana de entrenamiento, ya sea con armas de bolas jugando a la guerra, ya sea con armas de verdad, bajo control de sargentos instructores.Seguir leyendo....