Lo malo no es que la ministra y candidata socialista haya tenido la ocurrencia de impulsar una 'ley de las lenguas andaluzas', lo malo es que ninguno de sus muchísimos asesores ha tenido valor de decirle que a dónde va. María Jesús Montero ha intentado hacer bandera del victimismo lingüístico en Madrid, donde no se le critica por su acento, sino por su gramática, y en ese cacao ha llegado al delirio de las 'lenguas andaluzas', así dicho en plural que suena a bóveda. Habrá pensado la vicepresidenta que con este invento compensa el agravio económico que ella ha diseñado en su genuflexión a Cataluña. Y ya puesta a vender la moto de que como ministra ayuda mucho a Andalucía... Ver Más