Durante años fue una anomalía dentro del catálogo de Nintendo. Un RPG colosal, ambicioso y técnicamente desbordante que quedó atrapado en una consola que nunca logró mostrarlo en todo su potencial. Mientras otros clásicos encontraban nuevas versiones y relanzamientos, Xenoblade Chronicles X permanecía aislado, convertido en una obra de culto difícil de recomendar por una razón muy concreta: el hardware ya no le hacía justicia.