El retroceso acelerado del hielo en Groenlandia no solo facilita el acceso a minerales críticos y abre nuevas rutas comerciales entre continentes. También está alterando el equilibrio estratégico en una región que durante décadas funcionó como escudo natural. Bajo el hielo que se pierde aparecen intereses económicos, infraestructuras militares y una competencia entre potencias que ya no se oculta.