Escribir para trascenderse, mala cosa, aunque frecuente. Se empieza queriendo ser importante por una frase, y se acaba siéndolo por una estupidez. Ahora que la columna se adelgaza —fina y afilada como un estilete, quién lo lograra—, descubrimos la superfluidad de tantas palabras. Palabras de más, pensamientos de menos. El secreto del artículo de periódico es la omisión. Ya puestos, vayamos hoy al lenguaje. Otro día me ocuparé del esplendor de las braguetas socialistas, que han humillado la lujuria. La palabra es del pueblo y hay que hablar como el pueblo habla. Ninguna autoridad lingüística por encima de él. El pueblo dispone a su antojo del idioma, en los chiringuitos y en las universidades, una vez establecida la diferencia. «Joder,... Ver Más