El agente nocturno estrenó su primera temporada en 2023 con una propuesta sencilla y conocida en el género de la acción. La de un hombre común en medio de una situación extraordinaria. Pero bajo la dirección de Shawn Ryan, este drama de conspiraciones terminaría convertido en una de las mejores historias del servicio de streaming. Mucho más, uno que, a pesar de no innovar precisamente en el género, sí supo encontrar la manera de explorar en la tensión de manera distinta. Eso, utilizando el escenario de los pasillos de la Casa Blanca, el simple giro de un teléfono que no debería sonar y el de agentes atrapados entre lealtades cruzadas. Una mezcla que la serie utilizó para narrar una historia frenética y compleja que cautivó. Por lo que la primera temporada encontró equilibrio entre persecuciones y maniobras políticas, gracias a la presencia sobria de Peter Sutherland (Gabriel Basso). En particular, porque el personaje, más que el héroe de acción habitual, era complejo y con docenas de matices insólitos. No solo se trataba de un agente hábil. También, uno con un pasado duro con diversas consecuencias en el presente, que le obligaba a luchar contra sí mismo para cumplir su misión. Para la segunda temporada, El agente nocturno amplió el tablero de su premisa. De nuevo, Peter tuvo que enfrentar una misión imposible, que además involucraba más países, más amenazas, más personajes en lo que no se podía confiar demasiado. Y aunque la historia resultó efectiva, se extrañó un poco lo compacta y bien narrada de la entrega inicial. La tercera entrega decide volver a la simplicidad y, además, plantea la idea de que el poder es un escenario que siempre guarda traiciones. Por lo que la historia retoma a Peter en una posición frágil: continúa jugando a dos bandas y lealtades ambiguas, mientras espera instrucciones de Jacob Monroe (Louis Herthum). De modo que lo que parece una misión administrativa, que implica localizar a Jay Batra (Suraj Sharma), empleado de FinCEN acusado de matar a su superior tras descubrir secretos, empeora con rapidez. Eso, cuando la historia se transforma en una red que mezcla corrupción a una escala monumental, influencias turbias y ejecutores dispuestos a borrar testigos. Un giro total, no solo para El agente nocturno, sino para su protagonista, ahora en un punto nuevo de su vida profesional.En un nuevo escenario que vencer Esta vez, El agente nocturno abandona Norteamérica, por lo que la misión central se desarrolla en Estambul. De hecho, la serie utiliza la nueva locación para explorar nuevos aspectos visuales y narrativos. Con una ciudad desconocida como telón de fondo, la producción se renueva casi automáticamente. Además, brinda la sensación de que el mero hecho de descubrir qué oculta el exótico territorio hará la misión de sus personajes más compleja. Por lo que la serie plantea el dilema de en quién confiar en un mapa de intereses desconocidos y cada vez más turbios. En específico, porque Peter descubrirá muy pronto que está en medio de una conspiración gigantesca, sin las herramientas para detenerla. Además, debe lidiar con el hecho de que su propia vida está en peligro, siendo el único lazo entre diferentes agentes. Por lo que la investigación deja de ser una simple cacería y se convierte en algo más personal. Mucho más, cuando el agente debe tratar de encontrar un punto medio entre sus sospechas de que algo se esconde bajo las órdenes que debe cumplir y su obligación de obedecer. De modo que la serie se hace más densa, sin dejar a un lado el ser sencilla de entender incluso para el público casual. La trama vuelve al punto de un hombre superado por las circunstancias y, además, que lucha contra ámbitos de influencia cada vez más complejos. Algo que permite al argumento concentrarse en las decisiones de su protagonista, en su habilidad y capacidad para tomar decisiones en caliente y no siempre, con la seguridad de que serán eficaces. Un buen equipo en WashingtonPero además, El agente nocturno no pierde de vista que su principal premisa siempre ha sido las formas tortuosas en que puede comprender el poder. Mientras Peter corre riesgos en el extranjero, Washington vibra con otra clase de peligro. Chelsea Arrington (Fola Evans-Akingbola) regresa al corazón del poder, ahora como parte del equipo del Servicio Secreto que protege al presidente Richard Hagen (Ward Horton) y a la primera dama Jenny Hagen (Jennifer Morrison). De inmediato, Chelsea detecta fisuras en la narrativa oficial y en especial, en los protocolos de seguridad que rodean al círculo más cercano del mandatario. Y claro está, como agente entrenada y probada en situaciones semejantes, su sospecha conduce a una línea de investigación peligrosa. En particular, porque la administración Hagen arrastra sombras desde la temporada previa. Desde la anterior temporada, quedó claro que hay un trasfondo de corrupción administrativa, legal y hasta de jerarquías de mando que puede poner en peligro al país. Por lo que las sospechas de Chelsea empiezan a entrelazarse con la investigación de Peter, y el cruce resulta orgánico. Una decisión inteligente que regresa a la serie a los mejores puntos de su ya icónica primera temporada e indaga en algo más importante. ¿Qué se esconde realmente tras la élite de poder estadounidense? Obviamente, uno de los puntos complicados de la temporada es la ausencia de Rose (Luciane Buchanan), marca otro ajuste relevante. Además, claro que es una decisión que permite al argumento dar un paso en una dirección fresca. De modo que luego de establecer que el vínculo del personaje con Peter nació del trauma compartido, deja claro que era una alianza de supervivencia más que de futuro. Una decisión bien pensada de argumento que evita que la tercera temporada tenga que entrar en explicaciones oficiosas acerca de qué ha ocurrido con Rose. En lugar de eso, el argumento opta por conservar su influencia como recuerdo moral, no como presencia constante. Es giro que ordena el relato y permite que otros personajes tengan mayor desarrollo y protagonismo.Uno de los que se beneficia con esta perspectiva es la recién llegada Isabel De León (Génesis Rodríguez). El personaje, una periodista incisiva que convierte cada pista en una pregunta incómoda, se convierte en hilo conductor de información. Por supuesto, su choque con Peter es inmediato: ella cree en la exposición pública, mientras él vive de la discreción. La química funciona porque ambos tienen convicciones claras. Más interesante todavía, Isabel no es accesorio romántico ni simple aliada. Algo que permite que la historia fluya ahora al terreno de lo que se percibe fuera de la cúpula del poder y la actuación cuidadana. La mejor temporada hasta la fecha para ‘El agente nocturno’Uno de los puntos más fuertes de la temporada es, por supuesto, su protagonista. El Peter Sutherland de Gabriel Basso es el eje absoluto y el actor logra sacar provecho de un personaje en apariencia sencillo y competente. Pero que en realidad pertenece a una larga tradición de héroes de acción que deben superar circunstancias cada vez más peligrosas a fuerza de habilidad e improvisación. Al mejor estilo de John McClain, Peter sangra, duda y se equivoca. Pero también, es un hombre íntegro que toma las decisiones adecuadas en los momentos más complicados. Un punto alto de la temporada es el hecho de que las secuencias físicas (incluida una persecución que desemboca en una pelea bajo el agua) son originales y bien construidas. Pero son algo más que espectáculo y el hecho de que el deterioro físico de Peter sea cada vez más obvio, muestra hasta qué punto es un héroe de la vieja escuela. Para su final de temporada (que, claro está, deja las piezas ordenadas para la siguiente), El agente nocturno deja algo claro. El poder siempre es un terreno peligroso para hombres como el agente Sutherland. Pero eso no hace que sean menos necesarios en momentos críticos. Un mensaje casi ideal para una serie que sorprende por su habilidad para contar su historia. Seguir leyendo: 3 razones para ver la nueva temporada de ‘El agente nocturno’ de Netflix