Los primeros compases de la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022, los marcaron las largas columnas de tanques y blindados rusos que pretendían tomar el país en cuestión de días. La línea del frente está ahora estancada, pero el conflicto ha avanzado a gran velocidad en cuatro años: hacia la guerra robótica que se vislumbra en 2026. El campo de batalla está sembrado de sensores que lo hacen transparente, exponiendo al máximo a los soldados, y los drones se han convertido en un arma letal omnipresente en tierra, mar y, sobre todo, aire. En esta guerra moderna en la que los ejércitos compiten por la supremacía tecnológica, el soldado de infantería se lleva la peor parte. Seguir leyendo