Hay consenso: a los chavales hay que sacarlos de las redes sociales. El clamor se ve en las encuestas, en gobiernos de todo signo, en Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. El presidente propuso prohibir las redes a los menores de 16 y el líder de la oposición no se opuso: esa idea la tuve yo antes, respondió. Más de una década de críticas y debates, y estudios y más debates y más estudios han desembocado en esto: las redes son tan malas que hay que prohibirlas… para los menores. Hay numerosos ejemplos de daños tangibles, horripilantes, que han creado las plataformas digitales regidas por los tecnoligarcas que repite Sánchez: suicidios, autolesiones, ciberacoso, depredadores sexuales. Es la salida fácil. El conocimiento que vamos acumulando deja claro que las redes son especialmente dañinas para los críos más vulnerables, pero las pruebas de que son malas para la salud mental de todos los menores son, cuando menos, contradictorias. Seguir leyendo