Cuando el último escenario se apaga, cuando el césped vuelve a asomar tras las tarimas y el público regresa a casa con la pulsera aún en la muñeca, el festival no termina. Empieza. Porque los grandes eventos musicales de verano se trabajan en invierno. Y también en otoño. Y en primavera. Es un trabajo silencioso que tiene muchas capas, algunas completamente invisibles para el público. Todo arranca con la misma pregunta: ¿quién va a tocar el próximo verano? Al armar un cartel, como en el menú de un restaurante, la idea es ofrecer una variedad de entrantes, primeros y segundos platos y también sobremesas. Tanto por cuestiones técnicas —disponibilidad, presupuesto— como estratégicas, lo que se busca es un equilibrio entre... Ver Más