Algunas misiones nacen con un objetivo claro y terminan convertidas en algo muy distinto. Lo que debía ser una operación decisiva para asegurar el futuro de la humanidad se transforma, en cuestión de segundos, en una carrera contrarreloj por sobrevivir. En el espacio profundo no hay margen para el error, y cuando todo se rompe, solo quedan dos opciones: adaptarse… o aceptar las consecuencias.