Nadie recuerda este JRPG de Square pero tenía un sorprendentemente original sistema de magia y cumple hoy 30 años

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Un sistema de magia basado en la libre formación de palabras: los hechizos dependen de lo que escribas. Esa era la clave de Treasure of the Rudras, un clásico JRPG que Square lanzó hace 30 años.En el vasto acervo de los juegos de rol japoneses, pocas efemérides evocan una obra tan olvidada de la época dorada de los 16 bits como el trigésimo aniversario de Treasure of the Rudras (Rudra no Hihō). Desarrollado y publicado por la entonces Squaresoft en la primavera de 1996 para Super Famicom, este título llegó al mercado en las postrimerías del ciclo vital de la consola. Dicho contexto histórico, marcado por la inminente eclosión de los sistemas de 32 bits y los gráficos tridimensionales, sumado a su estricta exclusividad comercial en el territorio nipón, propició que la obra quedara relegada al ostracismo mediático, impidiendo su consolidación en la memoria colectiva del público occidental.Las palabras que introduzcas cambian las magias que hagan tus personajes: el original sistema de Treasure of the RudrasEl mayor baluarte de esta producción reside en su insólito y vanguardista sistema de magia, denominado internamente como 'Kotodama'. Lejos de limitar al jugador a un repertorio predefinido e inamovible de hechizos, el título integraba una mecánica basada en la libre introducción de texto. Mediante un teclado virtual, el usuario podía componer palabras que el motor del juego interpretaba y calculaba para generar conjuros únicos. La brillantez de este diseño radicaba en sus reglas morfológicas subyacentes: la adición de prefijos y sufijos específicos alteraba el elemento, la potencia bélica, el coste de maná o el área de efecto de la habilidad. Esta aproximación casi filológica a la hechicería lúdica fomentaba una experimentación sin precedentes en el género.A nivel narrativo, la obra presentaba una estructura igualmente ambiciosa, madura y fragmentada. El argumento se vertebraba sobre la fatalista premisa de un apocalipsis cíclico: la mitología del mundo establecía que, cada cuatro milenios, una deidad destructora purga el planeta para dar paso a una nueva raza, y la humanidad se encontraba inmersa en sus últimos quince días de existencia. Para relatar esta dramática cuenta atrás, el título dividía su campaña en tres escenarios principales, encabezados por los protagonistas Sion, Surlent y Riza. Las tramas discurrían de manera simultánea e interconectada, permitiendo al jugador alternar libremente entre ellas según el ciclo de días, hasta converger en un cuarto y definitivo capítulo donde se resolvía el conflicto cosmológico.En retrospectiva, Treasure of the Rudras representa uno de los pináculos técnicos y artísticos de la era bidimensional de la compañía japonesa. El título exhibía un minucioso trabajo de pixel art, dotado de animaciones inusualmente fluidas para los enemigos en combate, y todo ello aderezado por una evocadora banda sonora compuesta por el músico Ryuji Sasai. Tres décadas después de su concepción, este singular experimento se erige como un vestigio de culto ineludible para los estudiosos del medio interactivo. Aunque comercialmente fuera eclipsado por otras grandes franquicias de la propia Square, su innovador sistema de palabras de poder demuestra la audacia creativa que definió el ocaso de la cuarta generación de consolas.