La Semana Santa de Sevilla vive su mejor momento en aspectos como el patrimonial o el de la participación en las cofradías tanto a la hora de integrar sus nóminas de hermanos como en las estaciones de penitencia. Sin embargo, como ha vuelto a ponerse de manifiesto este año, también se ve lastrada por una serie de problemas que, algunos como consecuencia del éxito de la fiesta y otros en consonancia con la evolución de la sociedad, perjudican el desarrollo de los días grandes. Los extensos cortejos de nazarenos dan buena muestra del papel activo de los cofrades en las hermandades, pero, dadas las limitaciones actuales de tiempo y espacio, también generan dificultades para los propios integrantes de las comitivas, que se ven obligados a apretarse e ir con los cirios apagados en buena parte del recorrido compaginando largos parones con ritmos vertiginosos cuando por fin hay hueco para avanzar. Ángel Casal , hermano mayor del Museo, señala que su cofradía, la última del Lunes Santo, tuvo que ir muy compacta, «con algunos tramos que han ido de a tres toda la ida y toda la vuelta, y en carrera oficial la cofradía completa salvo el último tramo». Lamenta que «llevar a los hermanos apelotonados no es manera de transitar en la estación de penitencia». Julio Cuesta , que ha sido tesorero del Consejo de Cofradías y pregonero de la Semana Santa, asegura que esta es «una maceta a la que se le ha quedado pequeño el tiesto», y que hay dos opciones: «podar las plantas o agrandar el tiesto», es decir, regular de alguna forma los cortejos procesionales o extender el espacio físico y temporal de la Semana Santa, por ejemplo, ampliando la carrera oficial. «Hay que reconocer el esfuerzo admirable de las hermandades por encajarlo todo, pero, por más que se apriete, el pie no entra en el zapato . La Semana Santa ha crecido muchísimo y la estructura es la misma». Cuesta aboga por la creación de «un equipo de trabajo multidisciplinar que estudie lo que hay que hacer» y proponga alternativas, que podrían ir desde requisitos para participar en las estaciones de penitencia, los temidos números clausus o un cambio de formato de la carrera oficial hasta «soluciones intermedias, como establecer medidas básicas para las cofradías que eviten que se siga perdiendo el decoro y la personalidad». Pero no sólo hay que mirar al hermano anónimo, que es el mayor perjudicado por las cifras récord de los cortejos. Manuel Román , quien fuera presidente del Consejo de Cofradías entre 2000 y 2008, reconoce que «la forma en que pasan los cortejos da pena, pero no es algo que incumbe exclusivamente a los nazarenos. Se pueden simplificar en cuanto al tiempo y a los espacios que se ocupan». En ese sentido, pone el foco sobre colectivos tan destacados como las bandas: «El número de músicos muchas veces es excesivo, quizá se podría limitar a su paso por la carrera oficial». También propone reducir el lucimiento en las revirás de los pasos, que actualmente se hacen de forma muy pausada en muchos casos. «No hay que ir directamente a por el nazareno, que tiene un comportamiento ejemplar», asegura Román, poco partidario de poner coto en ese ámbito. En la misma línea se posiciona Juan Carlos Heras , exdelegado del Consejo y pregonero de la Semana Santa de 1998: «Este año he visto hermandades que se han matado intentando no sólo cumplir sino rebajar su tiempo para ayudar al día mientras otras tenían cortes de varios metros y echaban diez minutos en cada vuelta. No puede ser que se pongan de a tres o a cuatro llevando los cirios apagados y después estar diez minutos marcha tras marcha. Las hermandades tenemos que respetar a nuestros nazarenos». El cumplimiento de los horarios procurando despejar los cruces entre cofradías y no dejar retraso en la carrera oficial es otro de los caballos de batalla de las hermandades. Heras asegura que «la hermandades no han cumplido mayoritariamente sus tiempos nunca. Siempre es poco. Ahora ocurre mucho más que antes, pero esta película ya se veía en blanco y negro». Además, recuerda que «están volviendo el cangrejeo y el entrar muy tarde». Sea como fuere, hubo jornadas con un gran retraso acumulado, caso del propio Lunes Santo, que acabó una hora más tarde de lo previsto. El Museo entró en su capilla al filo de las cuatro y media de la madrugada, lo que imposibilitó que muchos hermanos veteranos terminaran el recorrido. «No estamos cumpliendo las reglas de la hermandad, que establecen que nuestra estación de penitencia es el Lunes Santo. La hacemos el Martes», señala el hermano mayor, cuya cruz de guía salió de la Catedral a las 00.20 horas y el palio pasada la una. «A las cuatro y pico no hay nada que hacer en la calle. Es una cuestión de orden público : hay menos gente, pero más conflictiva. No es lo más apropiado para dar testimonio de fe». Casal no sabe qué puede haber ocurrido este año con San Gonzalo para que dejara media hora de retraso, y señala que deberán «analizar lo ocurrido para que no vuelva a suceder», matizando que «igual el año que viene es otra la cofradía que se deja tanto tiempo». Hace hincapié en que la decana de la jornada lleva dos décadas pidiendo cambios, pero que no encuentra el respaldo necesario por parte del Consejo de Cofradías ni colaboración en el resto de hermandades del día. «Vemos como todas las jornadas intentan probar cosas, pero no hay esa inquietud el Lunes Santo. Tampoco tenemos mucha ilusión con el nuevo Consejo que salga en junio, pero esperamos que haya avances para mejorar la situación. Estoy convencido de que el cambio llegará , lo que no sé es cuándo». Sobre qué se debería hacer, ve con buenos ojos tanto los cambios de orden como un adelanto general de la jornada. «Es la jornada con más horas de procesiones en la calle y hay algunas que salen muy temprano porque vienen de muy lejos, pero tan malo es eso como nuestra hora de recogida. Estamos absolutamente disconformes con ella». Se habla mucho de los retrasos, los parones y la capacidad de meter en hora todo el cortejo entre la Campana y la Catedral, pero inevitablemente surge otra pregunta. ¿Funciona la carrera oficial? El recorrido por el que pasan todas las cofradías camino de la Catedral lleva más de un siglo intacto y desde muchos sectores se apunta a un formato caducado. Un cambio del mismo podría repercutir en grandes mejoras para el discurrir de los cortejos procesionales. Como aprecia Julio Cuesta, «la abundancia de público en las procesiones obliga a aprovechar los espacios , y Sierpes no es nada favorable para ello. El espacio está muy desaprovechado y deja mucho que desear, con sólo varias filas de sillas. Se han planteado muchas opciones, algunas barbaridades, pero otras se podrían tener en cuenta». Sin embargo, Manuel Román es más cauto al respecto y señala que la carrera oficial no tiene muchas opciones de cambio dentro del formato actual: «Desde la Campana hasta la Catedral hay poco margen de variación, ya que la diferencia entre Sierpes y Tetuán no es tan amplia». Además, considera que experiencias como la de la Magna de 2024 son «frías» y que «un sambódromo en el Paseo de Colón cambiaría mucho nuestra forma de entender las estaciones de penitencia, que se convertirían en un show». Heras, por su parte, también duda sobre si hay muchas alternativas: «Las respeto todas, pero el problema también está en la voluntad de todos los estamentos, especialmente los cofrades, cuyo esfuerzo organizativo es muy alto y, en muchos casos, admirable». Otra de las grandes asignaturas pendientes de la Semana Santa de Sevilla está en manos del público que sale a ver las cofradías, cuyo comportamiento en muchos casos —cada vez más— deja mucho que desear. Aunque la fiesta evoluciona de forma paralela a la sociedad, los hábitos de la gente que se echa a la calle han cambiado, con una cultura de consumo basada en apostarse durante horas en los cruces y puntos clave para esperar a que pasen las cofradías. Algunos de los sujetos que acampan en Semana Santa, además, impiden el discurrir de los transeúntes y no respetan el decoro que se sobreentiende que debe haber durante el paso de las cofradías. Román apunta que es necesaria «una mayor educación y respeto a la hora de usar el espacio público. Se dan circunstancias violentas como personas que dejan los bolsos en el suelo para que no puedas pasar». Sin embargo, Cuesta matiza que «la sociedad es mucho más dócil» ahora que antes, y que «la gente se está dejando educar. Hay buena disposición por parte de todo el mundo y habría que aprovecharlo». Recuerda que epidodios como el que se vivió el Viernes de Dolores con el botellón mientras pasaba la cofradía de la Misión ocurrían con frecuencia hace no tantos años en la Gavidia con el Gran Poder, algo hoy impensable. «La situación no es peor, pero hay que cuidar tanto el filón religioso como el económico, dando facilidades para el acceso del público a las cofradías». No obstante, Juan Carlos Heras tiene claro que «el problema principal en Sevilla no es tanto la falta de respeto generalizada, sino la densidad extrema de público en espacios y días muy concretos, que hace que comportamientos normales en otras situaciones se conviertan en problemáticos. La mejora pasa por combinar gestión del espacio, control y educación cívica, más que por medidas aisladas». Una gestión estructural que cada año se vuelve más necesaria que el anterior.