Cada 7 de abril se conmemora el Día Mundial de la Salud, momento para analizar por dónde va el mundo en este sentido. Es muy válido celebrar los avances asombrosos de la medicina porque es verdad lo tanto que se ha evolucionado en tratamientos y cirugías de alta complejidad. El desarrollo tecnológico de conjunto con la inteligencia artificial favorece diagnósticos más certeros, por ejemplo, y en la actualidad se realizan prácticas increíbles que salvan vidas y antes parecían imposibles.Sin embargo, mientras brindamos por cada logro, existe una sombra que oscurece cualquier progreso: millones de individuos en el mundo mueren por enfermedades tratables, incluso por algunas dolencias que fueron erradicadas. Y esto sucede porque si bien la salud es un derecho universal, no se cumple para muchas poblaciones que ni siquiera tienen cerca una instalación sanitaria o acceso a especialista porque la salud se ha convertido en un negocio costoso, y otros factores como la escasez de recursos vitales golpean duro, pero eso es, sobre todo, para la clase baja.Es oportuno, hoy es el día más indicado para hablar de este tema porque la paradoja es cruel. Mientras la ciencia más progreso muestra más contraste existe, son más marcadas las diferencias sociales para un asunto vital como este, y, lamentablemente los sectores menos favorecidos son los de menos riquezas. El resto siempre podrá agotar todas las posibilidades de la ciencia.Para muchos en el planeta, una consulta, un medicamento o una cama de hospital son inalcanzables. Lo común es que no sea suficiente la salud pública y que allí abunde la falta de insumos, además del lucro disfrazado de eficiencia y la especulación farmacéutica condenan a diario a quienes menos tienen.En ocasiones no es falta de tecnología sino de voluntad, de sensibilidad. Y tal ausencia de valores, políticas e infraestructuras duele en cada persona que muere por una neumonía no atendida a tiempo, en quien fallece por diabetes o hipertensión mal controladas, en cada brote de sarampión o difteria que resurgen en aéreas donde ya ni se mencionaban porque se creían eliminadas. Imagen Imagen tomada de https://uchile.cl/ Este comportamiento divergente es mundial. Existen instalaciones de gran calidad con técnica de última generación y profesionales capacitados y actualizados que atienden a un número reducido de personas que pueden pagar el alto costo de sus servicios, y al mismo tiempo millones ni siquiera pueden recibir valoración de sus dolencias, u otros que obtienen cuidados parciales.En medio de tal panorama desigual se encuentra el caso Cuba, reconocido como potencia histórica en la esfera de la salud. No obstante, cada vez son más limitados los recursos y deteriorado el sistema. Nos quejamos de la falta de medicamentos básicos, de las limitaciones para obtener tratamientos e ignoramos el porqué. Creemos que es personal cuando en realidad la salud en Cuba sí es prioridad, pero actualmente resulta muy difícil mantener el ritmo de antes porque son más crudas las condiciones.Cada vez es más enrevesado. El bloqueo económico de Estados Unidos lleva vigente más de seis décadas, pero ahora es mucho más explícito para asfixiar. Y el sistema de salud pública sufre de manera directa las consecuencias, y a pesar de ello contamos con proezas que asombran al mundo: baja mortalidad infantil, altos índices de cobertura médica, formación de expertos que salvan vidas en los rincones más remotos.Lo que hace el gobierno de Estados Unidos no es solo una disputa política que se queda en las palabras. Es una barrera concreta que impide acceder a medicamentos, reactivos, insumos y tecnologías. Con sanciones e intimidación la primera potencia económica mundial consigue que no podamos comprar lo necesario para tratar dolores, realizar exámenes, salvar vidas. Y estamos hablando de elementos que van desde lo elemental a lo complejo. Jeringuillas, anestesia, un fármaco oncológico, cama, ambulancia...La hostilidad, la superioridad y la insistencia hacen mella en nuestra salud. A veces es difícil hasta tener dipirona en el botiquín personal porque la producción nacional es muy baja porque no existe materia prima suficiente y el mercado interno adolece. Imagine si la necesidad es de un antibiótico u otro controlado. Es extremadamente fastidioso comprar una simple pieza para arreglar un electrocardiógrafo y garantizar que continúe el funcionamiento de un cuerpo de guardia en un hospital. Estos son solo ejemplos que comprometen el bienestar de un país. Imagen Imagen tomada de https://cofavic.org Recientemente Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) llamó a proteger la salud “a toda costa” y que reiteró que “nunca debe estar condicionada por factores externos como la política o la energía”. Muy a tono con estos tiempos y con lo que en Cuba sucede porque si ya antes era en extremo difícil, ahora mucho más con el desplome del sistema electroenergético nacional, derivado de falta de combustible por las mismas intenciones y que afectan de manera directa todos los niveles de este rubro.Pero, ¿Cómo se puede garantizar lo indispensable para ofrecer asistencia sanitaria bajo tales condiciones de opresión? Hospitales, policlínicos y otros centros padecen todo tipo de dificultad para mantener en funcionamiento áreas fundamentales para pacientes graves. Urgencias, cuidados intensivos, quirófanos, salas de parto, laboratorios, entre otros, viven con preocupación constante porque hay asuntos que no son reprogramables ni pueden esperar a que aparezca el medicamento, la pieza o la electricidad.Por eso, la salud cubana, adaptada a la resiliencia, ha creado maniobras e iniciativas para continuar, sobre todo con lo esencial. Ha necesitado mayor organización e inventiva para ofrecer salud, también responsabilidad y sacrificio ante los retos que enfrenta porque conmueve cada aspecto, incluso lo más básico que se requiere para la limpieza y esterilización, para el traslado, y más.Dedicarse a la medicina en Cuba es un desafío. No es solo tener vocación para sanar y la convicción de que la salud es un derecho, es saber que el ejercicio será tortuoso. Y nunca tuvimos un escenario tan peliagudo.Este 7 de abril recordemos la fecha, pero no sin memoria. Llamamos a la reflexión, a que nos preguntemos cuánto le cuesta a Cuba mantener una sala de emergencias, el programa de hemodiálisis, el materno, los servicios de oncología, y demás especialidades. Pensemos en las causas y valoremos el esfuerzo que hacen ministerio, instituciones y personal médico para cumplir la política pública de no detener la atención.Recordemos que la salud no se celebra con tecnología, sino con justicia para que de verdad sea “derecho para todos”. Ningún interés económico debería mediar por encima de la vida humana.