¿Qué está pasando con la guerra en el Medio Oriente? Si usted revisa los titulares de Occidente verá que Estados Unidos y sus aliados está ganando, que las fuerzas iraníes fueron diezmadas y que la cúpula de poder de Teherán ha sido decapitada. Pero esos datos, solo reales en parte, no son suficientes para arrojar un resultado. La guerra que se lleva a cabo por parte de Irán es asimétrica y ya tenía previsto este escenario en el cual se jugaría al contragolpe, al posicionamiento y el uso de guerras proxys. En realidad, Teherán ha hecho su juego, cierto que con costos, pero lo ha hecho. Se han cumplido sus proyecciones bélicas y se lograron metas estratégicas para empujar y condicionar la paz con Occidente bajo la visión defensiva de los persas. Y la primera prueba de eso es que, mientras los occidentales aspiraban a una guerra rápida, de golpes quirúrgicos, conmociones y decapitación, los iraníes alargaron la confrontación, cerraron el golfo y le pusieron una pistola en la cabeza a la economía mundial y ahora tienen el tiempo de su parte. La estrategia es sencilla, una lucha de desgaste desfavorece a Occidente, dependiente de líneas de suministros, de números en la bolsa, de la confianza de los mercados y del valor del petrodólar. En cambio, Irán tiene petróleo, aliados que le suministran ayuda y material de inteligencia y juega en su terreno.Si la guerra de Estados Unidos es frontal y simétrica, no muy diferente a la estrategia seguida contra Sadam Hussein, Irán ha hecho lo contrario que en ese momento se vio en el líder de Irak. El almacenamiento de misiles, su uso preciso en infraestructura crítica enemiga, su impacto psicológico en las masas y en el ejército enemigo; son algunas de las visiones que han hecho variar la doctrina de esta guerra. Estados Unidos ha debido retirar los portaaviones, a los cuales les está pasando como en su momento a los cruceros de guerra y los destructores ante la inminencia del uso del aire en las batallas navales. Además, las bases norteamericanas en la región se han visto impactadas por la geopolítica, la lejanía de las líneas de suministro y la vulnerabilidad de estar bajo el alcance de los misiles enemigos. Lo que se pensó como fuerza disuasoria ha sido debilidad a la hora de la confrontación directa y el saldo no es positivo para los occidentales, que han visto como la OTAN una vez más se divide entre acciones tibias, tomas de distancia y críticas a Washington. La experiencia de Ucrania, guerra a la cual fueron llevados los europeos, ya se ve en este segundo escenario. Bruselas ha perdido demasiado y ha ganado muy poco en estas ecuaciones.Quizás esas enseñanzas en materia de geopolítica ya estén calando a estas alturas. Rusia y China han hecho la guerra desde sus posiciones, estudiando al contrario, dejando que se desgaste y hasta cierto punto usando al aliado de poder medio como una confrontación de tipo proxy. Irán en estos momentos es, en cierta medida, el frente en el cual se está dando una guerra de intensidad regional en la cual se miden conceptos y fuerzas de alcance global. Los analistas de uno y otro lado saben lo que se juega aquí, pero las decisiones del Pentágono no han sido del todo inteligentes. Movidas por la emocionalidad de Trump, entre las obsesiones de Netanyahu; las acciones contra Irán no han tenido el éxito esperado. Las amenazas de entrar con tropas terrestres no calan ni en la opinión pública ni en los contrapesos políticos norteamericanos con los cuales tiene que gobernar el presidente quiera o no. Lo que se pensó en un inicio, un golpe rápido, fuerte, impresionante e imponer negociaciones; sencillamente no se dio y lo que viene es un momento en la arena de la política internacional en la cual se van a mover las tornas a favor de un cambio de paradigma. No precisamente una hegemonía de Irán, pero sí una demostración de que los elementos del estamento militar Occidental no marcan la pauta ante otros como lo misiles hipersónicos, la disuasión y el uso del desgaste como estrategia.¿Va a haber otra invasión posterior a Irán? Todo depende de la percepción de la opinión pública, de cómo se maneje el tema de esta guerra de cara a las elecciones y del impacto que eso tenga en el propio movimiento MAGA. De hecho, los maguistas se han estado fragmentando hacia lo interno y eso marca la pauta de por dónde irían las acciones de la administración si no se quiere un mayor descalabro. El maguismo es una visión ultraconservadora de la política norteamericana que no necesariamente ve con buenos ojos el belicismo externo, por ello una de las promesas de campaña era poner fin a las guerras. Sin embargo el resultado viene siendo otro y no solo eso, sino que las guerras han tenido un efecto bumerán en la economía de los Estados Unidos encareciendo y hundiendo las rutas de abastecimiento. Ello, unido al tema de los aranceles, ha evidenciado la carente lógica de las medidas de Trump y su proteccionismo arancelario. El levantamiento de las sanciones al petróleo ruso, un efecto de la guerra de Irán, es una victoria del bando de las potencias emergentes y una derrota de la agenda de los maguistas en la arena internacional. Eso dio paso a sucesos como el buque de petróleo que Rusia envió a Cuba, lo cual tácitamente es un mensaje de desafío geopolítico, un marcaje arriesgado por parte del Kremlin que muestra su fuerza como actor internacional en un movimiento de piezas de ajedrez.Pero hay que anotar un último punto en este análisis: ¿qué pasará con toda movida de los Estados Unidos si el día de mañana regresan los demócratas al poder? Seguramente las ventajas obtenidas por los maguistas quedarán intactas y las estrategias que los conservadores siguieron contra enemigos externos se refinarán y dejarán si son efectivas. Y es que lo que se está viendo no pertenece a un partido u otro, sino que es el signo vital de un imperio de alcance planetario que trata de reactivarse en su estadio de autoconservación.El trumpismo es un movimiento, no la esencia, es un síntoma, pero no toda la enfermedad. El mal de los Estados Unidos es que estructuralmente no son ya la base industrial del mundo y están llamados a perder su prevalencia en la producción de PIB global, con lo cual su moneda inflacionaria no sería ya un activo seguro para guardarla en forma de divisas. Esa transición peligrosa, que amenaza la conceptualización de Occidente como centro y del resto como periferia, es lo que se está debatiendo, cierto que en fechas aún tempranas y que quizás el recorrido hasta ahí sea más traumático y peligroso.Los maguistas no van a salvar a Estados Unidos de un proceso que opera desde la lógica dialéctica de la historia, pero los han llevado a un momento de oscurantismo, en el cual pesan más las narrativas que las verdades, la imagen que el hecho y la metáfora que la estructura real de poder. Eso es fatal a mediano y largo plazo para los mismos intereses de la potencia del norte, pero también para los vecinos que orbitan ya sea por oposición o adhesión a esa área de influencia conflictiva en el hemisferio.