Edición original:The Flash 19-28, The Flash Annual 2-3, Manhunter 8-9, Secret Origins Annual 2 y páginas de Invasion! 2-3 USAEdición nacional/España: PaniniGuion:William Messner-Loebs, Robert Loren FlemingDibujo: Greg LaRocque, Jim Mooney, Gordon Purcell, Mike Collins, Donald Simpson, Carmine Infantino, John KochTraducción:Ernest RieraFormato: 488 páginas. A color. Cartoné.Precio:55 €Todo gran poder…«¡Yo sólo quiero correr más rápido!»El tomo que reseñamos hoy comienza con una interesantísima introducción de William Messner-Loebs que detalla lo que ya os adelantamos la última vez. Mike Gold se vio obligado a cambiar de guionista a toda prisa y recurrió a su colega de cuando hacía cómic independiente. Lo que se desvela es que Gold le engatusó diciendo que era para una serie “política, innovadora. Históricamente interesante”.(Por cierto, que el editor también le habla aparte de otra obra de “terror psicológico”, que terminaría siendo Wasteland, la serie de culto impulsada por Gold que harían realidad John Ostrander y Del Close, en la que el guionista terminaría trabajando en su faceta de dibujante.)Lo mejor es que cuando el escritor descubre que esa serie es Flash no se decepciona en absoluto, todo lo contrario. Para él coincide con lo que el editor le ha comentado y se emociona de poder trabajar con su héroe favorito de la infancia. Para colmo, no se amilana ante las locas ideas y el duro final con el que se despide su predecesor, Mike Baron, sino que le parecen todo un reto a superar.Si seguimos con la metáfora sobre la creación de Wally como el auténtico Flash que Gustavo nos dejó en los comentarios del primer tomo, de que Messner-Loebs preparó el andamiaje para que Mark Waid construyera un templo, Baron le había dejado al guionista que nos ocupa un profundo agujero para los cimientos. Nuestro héroe estaba sin poderes y arruinado.Cierto que en el tomo anterior vimos como la supervelocidad retornaba tímidamente, pero eso, es de vez en cuando y de manera incontrolada para nuestro héroe. Pero desde luego, de dinero, no va a ver ni un duro. Además, mientras que Baron no escarbó demasiado en el peso del legado para nuestro joven héroe, Messner-Loebs decide convertir esa carga en la piedra angular de su etapa.Como se demuestra nada más empezar con el segundo anual del nuevo volumen de Secret Origins tras las Crisis (hay entomólogos que le llaman volumen 2 y otros 3, porque el primer volumen de SO estuvo interrumpido durante años, pero no cambió de numeración), donde el guionista toma las riendas del carismático psiquiatra de Wally para hacerle ver que vive un autoinfligido calvario al respecto.Un anual (el de septiembre de 1988 según fecha de portada) que por otra parte es muy interesante, ya que aparte de esa sesuda historia dibujada por Mike Collins, incluye la controvertida historia de origen de Barry Allen (que de hecho se titula igual que la original de Showcase #4), guionizada por Robert Loren Fleming y dibujada por el siempre bienvenido Carmine Infantino, en la que el propio Barry se convierte en el origen de sus poderes en una extravagante paradoja temporal.Mi papá, mi antihéroeY seguimos con otro anual, también el segundo, pero de la serie madre Flash (octubre de 1988). De nuevo Messner-Loebs y Collins se ocupan de explicarnos algo más sobre la psique de Wally. En este caso se aprovecha el personaje del traicionero padre para dar una sutil excusa a la desagradable personalidad que le diera Baron a nuestro protagonista.Este Robert West es misógino, ratero y, sobre todo, tremendamente objetivista, lo que da pistas de muchos de los comportamientos de Wally durante, e incluso antes de (recordemos que en los Titanes ya salió su lado republicano), la etapa anterior. El especial también incluye una corta pero emotiva historia del mismo guionista dibujada por Greg LaRocque.Pero quizá lo más atrayente de este anual es el texto del Messner-Loebs que nos encontramos al final. En éste, hace toda una declaración de intenciones sobre el realismo que quiere aportar a la serie. Algo que trata de reflejar en detalles como los ladrones de ladrillos que salen en el número, por poner situaciones de personajes desamparados extraídas de la realidad.Y especialmente, por el ejemplo que nos desgrana de cómo en el pasado se vio él mismo en la situación de ayudar a una sintecho. Con esa humilde anécdota nos demuestra las diferencias entre el fantasioso mundo de los superhéroes y los aparentemente nimios, pero en realidad insalvables retos que nos impone la vida real. Volveremos a dar vueltas con el tema.Porque antes, y por fin volviendo a la serie en su número 19 (diciembre del 88), el guionista tiene también ganas de humor, como seguirá demostrando a lo largo de su run. En un número modestamente ilustrado (siendo generosos) por Jim Mooney, vuelve la galería de villanos del Flash precedente, dándoles un toque de personalidad que les sienta de fábula (mucho antes del “revolucionario” Geoff Johns).Este número contiene otro de esos Bonus Book de la época, pero más relacionado con la serie que el del tomo anterior. Aunque tampoco se puede sacar mucho más provecho de esta historia sobre el origen de las Trinidades Azul y Roja por unos desconocidos (y justitos) Hawk Kanalz y Bill Knapp.Tras este paréntesis, decía, en el número 20, donde vuelve LaRocque entintado por el habitual Larry Mahlstedt, volvemos al tema de reflejar la realidad y el problema de los sintecho. Aunque en nuestra tierra nunca ha sido tan grave como ahora, en los EEUU siempre ha sido palpable debido a una miríada de razones entre las que destacan su pobre sistema de seguridad social y el exacerbado individualismo de su sociedad.Me detengo tanto en el tema no sólo por darles una lección política a ciertos seguidores de esta página la radicalidad con la que lo refleja el guionista, poco sutil al mostrarnos a Wally engullendo comida tirada en el suelo. Sino porque por una cruel broma del destino, el propio Messner-Loebs sufriría en sus carnes una situación muy parecida en el futuro.Poco después de sus sucesivos éxitos en DC, y otras editoriales, entre Flash, Liga de la Justicia Europa, Epicuro el sabio, Wonder Woman… el escritor se queda sin empleo en la industria (y en EEUU quiere decir sin paro). Otros trabajos le son más difíciles de conseguir porque, por cierto, es manco debido a un tumor, mientras que su mujer sufría una grave enfermedad (y en EEUU quiere decir sin sanidad pública.)Justo en ese momento también enferma su madre y entre las facturas médicas de ambas, la pareja termina por perder la casa. Se las apañan para comprar una caravana, pero la mala suerte parece perseguirles y debido a una pérdida de gas explota en llamas, por suerte sin víctimas. Tras vivir un tiempo en hostales terminaron viviendo en su propio coche.La prensa se haría eco, lo que provocaría una llamada de auxilio y, finalmente, la vuelta a trabajar en la industria sacaría a nuestro escritor de esa amarga situación, pero quede aquí esta triste anécdota para ser conscientes de las vueltas que puede dar la vida y, de paso, saber valorar los derechos que tenemos y porqué hay que defenderlos a capa y espada.Volvamos a ese número 20 porque, aparte de la dura situación de Wally, también se estrena el Clipper, una suerte de duro superhéroe de los 50 que nos dará más juego en el futuro, aparece el renovado Flautista, el antiguo enemigo de Flash que también nos dará más de una sorpresa en breve, y el número sirve como introducción a los crossovers de la serie con ¡Invasión!Estos se desarrollan entre el 21 y el 22, pero además la historia se alterna con los números 8 y 9 de Manhunter (incluidos en el tomo), de John Ostrander y Kim Yale, junto con Frank Springer y Pablo Marcos (si queréis saber más sobre esta otra, prácticamente inédita en España, algo encontraréis aquí). En el tomo también se incluyen algunas páginas del 2 y 3 de la serie principal del evento Invasion! para no perderse de toda la trama.El crossover es simpático e incluye personajes como el propio Fidel Castro, con un tratamiento menos maniqueísta de lo que cabría esperar en un cómic USA. Hay varias anécdotas, como el enfado de Oberón con Wally por haber rechazado la oferta de ser parte de la LJI (en realidad fue su madre que no supo reconocer a Blue “Buitre” y Bostergold en el descacharrante #19). O cómo chirrían esos durlanianos dibujados al estilo de Chico Camaleón de la Legión de Superhéroes, cuando en Invasion! aparecían (más correctamente) como seres informes y encapuchados, mucho más aterradores.Sin embargo, durante este viaje a Cuba, el guionista provecha para incluir dos momentos clave para la serie. Por un lado, los poderes de Flash volverán a fallar debido a la bomba metagén (algo extraído del evento) y, más grave, el padre de Wally termina redimiéndose como un héroe perdiendo la vida en ello.Tina McGee en todo su ochentero esplendorTras un extraño número de transición dibujado por Gordon Purcell y dedicado al tal Clipper con aparición estelar de Abrakadabra, empezamos a explorar las consecuencias de la alteración de los poderes en una saga en la que vuelven Tina McGee y señoro. Junto con Mason, antiguo sidekick de Clipper y actual vecino de Wally, ponen a prueba las teorías de la científica con fatales consecuencias.Messner-Loebs se pone juguetón con las verdaderas consecuencias que tendría un ser superveloz como Flash y le hace sufrir fricción y una tremenda energía cinética que arrastra todo a su paso. Wally provoca un accidente espectacular desapareciendo en el proceso y allá que va el trío de amigos a buscarle en una especie de road movie.Al no aparecer nuestro héroe, el cómic se desarrolla como un slice of life a lo mainstream que sienta de fábula a la serie. El guionista sigue por tanto experimentando, pero LaRocque no se queda atrás. Hasta ahora no hemos comentado nada de su característico estilo, en ocasiones caricaturesco, de rostros con cráneos muy marcados, cuerpos musculados o con excesivas redondeces.Lo que es innegable es que dibuja lo que le echen, y tiene oportunidad de demostrarlo tanto en los números más espectaculares como estos de sosiego. Es capaz de llevar la narrativa sin aburrir, potenciando las conversaciones y acentuando los sentimientos. Su relación con Messner-Loebs es además cada vez más cercana, disfrutando juntos de la narración.Palo»mal»Se nota en el homenaje que se marcan los dos creando esa localidad de Swainsville, Nuevo Mexico, lugar y habitantes que son un claro sosias del Palomar de Beto Hernández. Nos cuenta BAMF! en el epílogo que ambos autores eran aficionados a Love and Rockets, y de hecho nos habíamos saltado un guiño previo en la saga cubana, donde aparecen en una viñeta Maggie, Hopey y Penny, las Locas de Jaime Hernández.Volviendo a la trama, no tiene desperdicio entre los giros y las relaciones entre personajes. Los McGee siguen en su propio camino de redención, aparecen aparentes perdedores que no son más que vidas con un punto de vista diferente, Chunck evoluciona, Wally pasa de leyenda urbana a sufrir un aterrador episodio de alucinación… y se recuperan otros dos villanos clásicos; Capitán frío y la Patinadora Dorada.Atención, que aparece por primera vez una reportera atrevida llamada Linda Park. Espero no llamar a spoilers para los aficionados al universo DC, pero la actual esposa y madre de los hijos de Wally, no se convertirá en la media naranja que todos conocemos de la noche a la mañana. El guionista quiere cocinar la relación a fuego lento, y así será.Y aquí nos quedamos, aunque para cerrar el volumen tenemos el tercer anual de la colección (Junio, 1989). Hablando de relaciones en el mundo de los velocistas, Messner-Loebs presta atención y cariño a la esposa del primer Flash, Jay Garrick. Por aquel entonces, éste estaba dado por muerto, pero en realidad estaba atrapado en otra dimensión en lucha constante con Surtur, el demonio de la mitología nórdica.En la primera historia del especial (que por suerte tiene una magnífica portadaca de Steve Lightle), burdamente dibujada por John Koch, Wally descubre con ayuda del Dr. Fate y otras estrellas invitadas dónde se encuentra Jay y consuela a la falsa viuda. En la segunda, perpetrada (por decir algo) por Don Simpson, el guionista se pone humorístico tirando para la Liga de la Justicia Europa. Curiosamente, terminaría colaborando en ambas series, Fate y la LJI.El tomo incluye las comentadas intro y anécdota en la sección de correo de Messner-Loebs, las portadas en su sitio, una mirada de fichas del tipo Who’s Who (realmente ¿necesitaba una ficha la madre de Wally?), una breve historia del personaje gracias a Waid publicada en el Secret Origins Annual #2 (no en el de Flash como dice el tomo, pequeña errata), una cariñosa bienvenida de Brian Agustyn en los correos del #28 cuando se hace editor de la serie, y el interesante texto de BAMF! en el que comenta la importancia de los secundarios y rompe una lanza por LaRocque.En definitiva, otro tomaco que se marca Panini en el glorioso camino de recuperación de una etapa desconocida en España y adorada en Argentina. Un Flash diferente que mezcla la Soap Opera, los superhéroes, el drama, la ciencia… un disfrute para los amantes del hombre que-algún-día-será-el más rápido del mundo.Lo mejor• La serie sigue siendo diferente a lo habitual• Los personajes cambianLo peor• El dibujante principal depende de gustos• El resto de dibujantes dan penita