La Taberna El Abuelo ha sabido preservar los pequeños tesoros del paladar

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En la calle Cruz Conde, concretamente en un pequeño callejón, se encuentra El Abuelo, una taberna que lleva décadas conservando el espíritu de la cocina tradicional cordobesa. Su ubicación discreta, lejos del bullicio turístico habitual, esconde un auténtico refugio gastronómico donde los cordobeses y visitantes más avispados se encuentran para disfrutar de los pequeños placeres de la ciudad. El Abuelo abrió sus puertas en 1978 en un rincón de la trasera de la plaza de San Miguel, trasladándose en 2002 a su actual local. Su origen se remonta al bar Benavides de Cañero, donde Eduardo Pérez Jiménez, padre de Antonio Pérez, «El Abuelo», comenzó a forjar la tradición familiar que hoy siguen sus hijos, Alejandro y Marco Antonio Pérez. Aquí no hay grandes escaparates ni locales con dos plantas; la sencillez y la autenticidad son la clave. El ambiente es el de una taberna cordobesa clásica: conversación justa, servicio diligente y cordial, con un ambiente familiar donde se cruzan trabajadores del centro, turistas bien orientados y habituales del barrio. Cada rincón guarda historias y recuerdos, con paredes que exhiben objetos de tradición cordobesa y otras curiosidades. La especialidad de la casa es la casquería y la fritura , elaboradas con técnica precisa y en cantidades que permiten compartir y disfrutar. Entre los clásicos destacan los callos de ternera , la lengua estofada , la asadura al ajillo, la morcilla frita o las criadillas, un manjar que ya se ve poco en Córdoba. La fritura del pescado también es un must: bacalao, boquerones, cazón, japuta o rosada, todos preparados con esmero. Otros platos que completan la experiencia incluyen gambas al ajillo y rebozadas, flamenquines, torreznos a la plancha, croquetas de jamón, lomo al Abuelo y salmorejo cordobés. La carta se extiende también a ensaladas, habitas baby con jamón o huevo , mejillones cocidos, pavo en adobo y solomillo en salsa , mostrando un equilibrio perfecto entre tradición y producto de calidad. Comer en El Abuelo no es solo saciar el hambre; es un ritual que combina sabor, historia y compañía. La barra es ideal para la confesión o la conspiración, mientras que las pequeñas mesas permiten disfrutar de un festín con tranquilidad. Todo se sirve con el tiro de cerveza perfecto y un vino fino bien servido, siguiendo la tradición cordobesa.