Desde la Grecia antigua hasta el siglo XIX, la triaca, un brebaje hecho con plantas, minerales y la carne de una víbora hembra y joven, se consideró el antídoto más eficaz contra el envenenamiento por mordedura de serpiente, que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), causa entre 81.000 y 138.000 muertes y alrededor de 400.000 amputaciones al año. La fórmula partía del supuesto de que un mal puede ser curado con algo similar. “Se creía que había que cortar la serpiente cuatro dedos por detrás de la cabeza y cuatro dedos antes de terminar la cola, porque ahí era donde se concentraba el veneno”, explica el profesor Jorge Alvar, de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), que es comisario de una exposición consagrada a este problema de salud global, que se puede visitar hasta octubre en Madrid. Seguir leyendo