AGUASCALIENTES.- Hay tardes que nacen cuesta arriba, ásperas, sin concesiones, y que terminan revelando el verdadero pulso de quienes se ponen delante. Tardes en las que el toreo exige más de lo habitual y en las que solo permanece en pie aquello que se hace desde la verdad. En ese terreno, sin atajos ni alivios, fue donde Miriam Cabas decidió quedarse.TE PUEDE INTERESAR: Doblete de Julián Quiñones no evita caída del Al Qadsiah ante Al EttifaqLa novillada de Campo Grande abrió con un “Canto de Fela” incierto, que condicionó pronto cualquier intento de lucimiento. Gustavo García “El Solito” no dudó en irse a porta gayola, gesto que marcó su ambición desde el inicio. Hubo variedad con el capote y disposición constante, pero el novillo, falto de fuerza y con dificultades evidentes, obligó a una lidia cuesta arriba. Ni siquiera su voluntad de ir a más, ni el esfuerzo en banderillas, lograron dar continuidad a una faena marcada por una voltereta y por la falta de respuesta del animal. El final, sin acierto con la espada, apagó cualquier opción.“Adagio de Luna”, segundo de la tarde, tampoco ofreció entrega. Cristóbal Arenas “El Maletilla” apostó por el toreo por bajo, queriendo alargar el muletazo y dar forma a una faena de intención. Encontró algunos pasajes estimables al natural, donde logró mayor limpieza, pero todo quedó en trazos aislados. La obra tuvo más mérito que eco.El giro de la tarde llegó con “Fuego Fundido”. Miriam Cabas entendió desde el primer momento que no era una cuestión de esperar, sino de imponerse. Su capote tuvo pulso y sentido, pero fue con la muleta donde todo adquirió otra dimensión. Hubo temple, mando y una manera de llevar al novillo cosido a la tela, especialmente por el pitón derecho, donde los muletazos nacieron hondos y largos. Al natural, encontró ritmo y expresión, construyendo una faena que fue creciendo sin estridencias, asentada en la firmeza.Nada fue impostado. Todo tuvo peso. Incluso cuando llegó el castigo en forma de puntazo, Cabas no se descompuso. Siguió, bajando la mano, apostando cada vez más. Las manoletinas finales, ajustadas, cerraron una actuación de entrega absoluta. La espada puso el final a una obra que ya había calado.“El Solito” regresó en el cuarto con la misma actitud. Hubo un quite lucido y el gesto de compartir banderillas, buscando conectar desde lo cercano. Con la muleta dejó pasajes de buen trazo, sostenidos en su disposición, aunque de nuevo el resultado quedó condicionado. Aun así, encontró el reconocimiento del público.En el quinto, “El Maletilla” volvió a mostrarse firme. Ante un novillo sin transmisión, insistió, buscando siempre el sitio, dejando muletazos de valor sin poder dar continuidad a la faena. Fue una actuación de empeño.Y el cierre tuvo algo más que un final: tuvo una declaración. Miriam Cabas volvió al ruedo herida, con una cornada de dos trayectorias, y aun así eligió quedarse. No hubo gesto hacia la galería, ni concesiones. Solo mando, firmeza y una determinación que se impuso a todo. Ante un novillo sin fondo, fue ella quien construyó la faena, arrancando muletazos con poder. Por el derecho, una serie profunda, ligada, dicha desde la quietud, resumió lo que había sido su tarde. Mató al tercer intento y se retiró entre palmas.Quedó una imagen difícil de olvidar: la de una torera que no buscó excusas, que sostuvo la tarde cuando más pesaba y que convirtió el dolor en una forma de expresión.Fotos: Manolo BrionesThe post Cabas, verdad sin concesiones first appeared on Ovaciones.