Esta noticia es una publicación original de Cinemascomics.comNo todas las películas de animación envejecen igual. Algunas se quedan en el recuerdo como una experiencia bonita, otras pierden parte de su impacto con el paso del tiempo y unas pocas, muy pocas, consiguen algo bastante más difícil: hacerse más valiosas cada vez que vuelves a ellas.Eso es exactamente lo que ocurre con Kubo y las dos cuerdas mágicas.Una década después de su estreno en 2016, la película de LAIKA no solo sigue siendo una de las propuestas visualmente más impresionantes de la animación moderna, sino también una de las más injustamente infravaloradas de su generación. Porque sí, fue celebrada por la crítica, consiguió nominaciones importantes y dejó imágenes imposibles de olvidar, pero también dio la sensación de ser una de esas películas que el gran público admiró… sin terminar de abrazar del todo.Y es una pena, porque Kubo y las dos cuerdas mágicas es exactamente el tipo de cine que hoy cuesta encontrar incluso dentro de la animación de alto nivel: una aventura fantástica, sí, pero también una película sobre la memoria, la pérdida, la identidad, la familia y el poder de las historias para mantener viva a la gente que amamos.LAIKA volvió a demostrar que juega en una liga propiaCuando Kubo y las dos cuerdas mágicas llegó a los cines, LAIKA ya se había ganado una reputación muy concreta dentro del cine de animación. No era simplemente “el estudio que hace stop-motion”, sino uno de los pocos capaces de convertir cada nueva película en una especie de acontecimiento visual.Ahí estaban ya Los mundos de Coraline, ParaNorman y Los Boxtrolls, tres títulos muy distintos entre sí pero unidos por una misma sensación: la de estar viendo algo hecho con una obsesión artesanal casi enfermiza. Y eso, en un panorama dominado por la animación digital más homogénea, ya era una declaración de intenciones.Con Kubo y las dos cuerdas mágicas, el estudio de Oregón no se limitó a mantener el nivel. Lo elevó.Fue la cuarta película de LAIKA y también el debut como director de Travis Knight, hijo del fundador de Nike y una figura clave dentro del estudio. El proyecto se concibió como una especie de epopeya samurái en stop-motion, una idea lo bastante arriesgada como para sonar casi imposible… y lo bastante ambiciosa como para terminar convertida en una de las películas más singulares de aquella década.La historia de Kubo sigue funcionando porque nunca trata al espectador como si fuera tontoUno de los grandes aciertos de la película está en su tono. Kubo y las dos cuerdas mágicas no cae en la tentación de explicarlo todo de forma obvia ni de simplificar sus emociones para hacerlas “más familiares”. Al contrario. Confía en el espectador.La historia sigue a Kubo, un niño inteligente, bondadoso y con un talento muy especial para contar historias en un pequeño pueblo costero. Su vida cambia por completo cuando, casi sin querer, despierta una amenaza ancestral ligada a su propia familia y se ve obligado a emprender una búsqueda imposible en un Japón fantástico donde conviven samuráis, espíritus, monstruos, leyendas y magia.La base argumental podría sonar clásica, incluso reconocible, pero lo interesante está en cómo la película construye todo ese viaje. Porque Kubo no funciona como una aventura acelerada que va saltando de set piece en set piece. Lo que hace es otra cosa bastante más valiosa: deja respirar su mundo, su atmósfera y sus emociones.Por eso sigue siendo una película tan especial. Porque debajo de la épica, de la fantasía y del espectáculo visual hay una historia muy íntima sobre la pérdida, sobre lo que heredamos de quienes estuvieron antes que nosotros y sobre cómo los recuerdos pueden convertirse en una forma de resistencia.El Japón fantástico de Kubo no es un decorado: es parte del alma de la película© 2016 Laika Entertainment − All right reserved.Muchísimas películas toman referencias culturales concretas para vestir visualmente una historia que, en el fondo, podría ocurrir en cualquier otro sitio. Kubo y las dos cuerdas mágicas no hace eso.Aquí, el Japón mítico y medieval en el que se desarrolla la historia no funciona como simple ambientación exótica, sino como una parte central de la identidad de la película. El universo visual y narrativo bebe de la iconografía samurái, de la tradición oral, del folclore japonés, del teatro de sombras, del origami y de una sensibilidad estética que LAIKA trabajó con muchísimo cuidado.De hecho, el propio diseño visual del film estuvo muy influido por el ukiyo-e, la estampa japonesa clásica, y por la obra del artista Kiyoshi Saitō, una referencia clave en el aspecto final de la película. El objetivo del equipo era que Kubo pareciera, en cierto modo, una estampa japonesa en movimiento. Y eso se nota muchísimo.Cada escenario parece diseñado no solo para impresionar, sino para contar algo. El mar, la niebla, las montañas, los templos, los bosques, la luna, las cuevas o los cementerios de barcos tienen una textura visual que mezcla lo artesanal con lo fantástico de una manera muy difícil de replicar. No es solo bonito. Tiene personalidad.Kubo sigue siendo una de las películas más impresionantes técnicamente que ha hecho LAIKAHablar de Kubo y las dos cuerdas mágicas sin detenerse en su nivel técnico sería quedarse a medio camino. Porque si la película emociona, también deslumbra. Y no en el sentido vacío de “mira qué bonito”, sino en el sentido de “¿cómo demonios han hecho esto?”.LAIKA lleva años trabajando una combinación muy sofisticada entre stop-motion tradicional, impresión 3D, efectos digitales y soluciones prácticas artesanales, pero en Kubo esa mezcla alcanzó uno de sus puntos más espectaculares.Uno de los ejemplos más famosos de la película fue la creación del esqueleto gigante, una criatura monumental inspirada en el folclore japonés que el estudio convirtió en uno de sus mayores logros físicos. Para esa secuencia, LAIKA construyó un puppet de unos 16 pies de altura y cerca de 400 libras, considerado por el estudio como el más grande creado para una producción de stop-motion. Y eso no es ni mucho menos la única locura del proyecto.El personaje de Kubo fue desarrollado con un sistema de animación facial que permitía más de 48 millones de expresiones posibles, utilizando miles de rostros intercambiables impresos en 3D. Además, algunas secuencias fueron especialmente extremas incluso para los estándares del estudio. La escena del barco, por ejemplo, necesitó 19 meses de trabajo, y la embarcación llegó a estar cubierta con cerca de 250.000 hojas colocadas a mano. Y ahí está una de las razones por las que esta película sigue provocando asombro diez años después: porque no parece hecha con atajos.Su reparto de voces también ayudó mucho a elevar la películaAunque en España la mayoría del público la conoció doblada, merece la pena recordar que Kubo y las dos cuerdas mágicas reunió en versión original un reparto bastante potente.Art Parkinson, conocido entonces por Juego de Tronos, puso voz al protagonista con una mezcla muy efectiva de fragilidad, curiosidad y determinación. A su lado estaban Charlize Theron, que aportaba muchísima presencia a Mona, y Matthew McConaughey, que daba vida a Escarabajo con ese tono entre entrañable, extraño y cómico que tan bien encaja con el personaje.También participaron Ralph Fiennes, Rooney Mara, George Takei y Brenda Vaccaro, lo que ayudó a darle todavía más empaque a una película que ya de por sí tenía bastante personalidad. No era un casting de “poner famosos porque sí”. Había intención real de construir voces con peso dramático.Fue una película admirada… pero la taquilla nunca estuvo a la altura de su ambiciónAquí llega una de las partes más dolorosas de la historia de Kubo y las dos cuerdas mágicas: su rendimiento comercial no estuvo a la altura de su calidad. La película costó alrededor de 60 millones de dólares y terminó recaudando unos 77 millones en todo el mundo, una cifra insuficiente para considerarla un gran éxito de taquilla dentro de los estándares de una producción de ese tamaño.Eso no significa que fuera un desastre creativo, ni mucho menos. Significa más bien que volvió a pasarle a LAIKA algo que ya parece casi parte de su ADN: hacer películas extraordinarias que no siempre conectan con el público masivo en la medida que merecerían. Y es una lástima, porque Kubo tenía prácticamente todo para convertirse en una favorita instantánea: aventura, emoción, humor, diseño espectacular, criaturas memorables, un universo original y un tono más maduro que muchas propuestas de animación contemporánea.Quizá precisamente por eso no terminó explotando del todo. Porque no era una película diseñada para sonar como “otra más”. Tenía una personalidad demasiado marcada.La crítica sí supo ver que estaba ante algo especialSi la taquilla no terminó de responder como debía, la crítica sí entendió bastante bien lo que tenía delante. Kubo y las dos cuerdas mágicas fue recibida con muchísimo respeto y acabó acumulando una trayectoria de premios y nominaciones muy sólida. Entre lo más destacado, consiguió dos nominaciones al Oscar: Mejor Película de Animación y Mejores Efectos Visuales. Y esta última mención fue especialmente llamativa, porque muy pocas películas de animación logran colarse en esa categoría dominada casi siempre por grandes producciones de acción real.También pasó por los Annie Awards, los BAFTA y muchas otras listas de lo mejor del año, consolidando esa sensación de que estábamos ante una de las grandes joyas de la animación de la década. Y sinceramente, visto con perspectiva, no cuesta nada defender que hoy sigue siendo una de las películas más redondas que ha hecho LAIKA.Lo mejor de Kubo no es solo cómo se ve, sino cómo te deja cuando terminaHay películas visualmente impresionantes que desaparecen de la cabeza en cuanto empiezan los créditos. Kubo y las dos cuerdas mágicas no pertenece a esa categoría. Lo que la hace realmente especial es que, además de ser una exhibición de imaginación y técnica, consigue dejar una huella emocional bastante más profunda de lo que aparenta en un primer vistazo.Porque en el fondo, Kubo habla de cosas muy sencillas y muy universales: de la familia, de la ausencia, del duelo, del legado, de la identidad y del poder que tienen los relatos para dar sentido a lo que hemos perdido.No es casualidad que la película gire tanto alrededor de la narración oral, de la música y de la memoria. Todo eso está colocado con mucha intención. Kubo no entiende las historias como simple entretenimiento, sino como una forma de supervivencia emocional. Como una manera de seguir conectados con quienes ya no están. Y eso le da una profundidad muy poco común dentro del cine de animación comercial.Diez años después, sigue siendo una película ideal para redescubrirCon el tiempo, Kubo y las dos cuerdas mágicas se ha convertido en una de esas películas que mucha gente recuerda con cariño, pero que quizá no ha vuelto a revisitar desde hace años. Y la verdad es que merece muchísimo la pena volver a ella.No solo porque sigue viéndose espectacular, sino porque en 2026 se aprecia todavía mejor todo lo que hizo bien. En una industria cada vez más dominada por secuelas, fórmulas y estilos visuales bastante homogéneos, la película de LAIKA destaca todavía más por su identidad propia, su valentía formal y su corazón.No es una película perfecta, claro. Hay momentos donde su solemnidad puede ralentizar algo el ritmo y no todos los espectadores conectarán igual con su tono más melancólico. Pero incluso eso forma parte de su personalidad. Kubo no intenta ser una atracción de parque temático disfrazada de película. Intenta contar algo, y lo hace con una sensibilidad muy particular.Y quizá por eso, diez años después, sigue sintiéndose como una pequeña obra maestra.Kubo y las dos cuerdas mágicas merecía más… pero también merece seguir vivaA veces el tiempo termina colocando a las películas donde realmente les corresponde. Y con Kubo y las dos cuerdas mágicas está pasando exactamente eso. Lo que en 2016 pudo parecer “solo” una gran película de animación hoy se ve con mucha más claridad como lo que realmente era: una de las propuestas más bellas, más valientes y más trabajadas que ha dado el cine animado del siglo XXI.Puede que no arrasara en taquilla. Puede que no se haya convertido en la franquicia más explotada del mundo. Puede que incluso siga siendo una película algo infravalorada fuera del círculo más cinéfilo. Pero sigue aquí. Y eso, cuando una película tiene este nivel de imaginación, de emoción y de artesanía, ya es una victoria bastante grande. Porque Kubo no solo sigue funcionando diez años después. Sigue teniendo magia.Si te gustan las películas que merecen ser redescubiertas, puedes seguirnos en Google News para no perderte más especiales como este.Esta noticia ha sido publicada por Cinemascomics.com