Hay partidos que se juegan con los pies, otros con la cabeza y algunos, los más incómodos, con ese orgullo que no sale en los highlights. Ahí, justo ahí, habitan los teloneros. Sí, esos futbolistas que no protagonizan documentales y que rara vez aparecen en las tertulias infladas de épica prefabricada. Los secundarios. Los invisibles. Los que, cuando llegan los focos, suelen quedarse en la penumbra hasta que dejan de hacerlo. Seguir leyendo....