Yahya Sarraj describe con una palabra (“espera”) la sensación prevalente entre la población de Gaza ahora que otra guerra en Oriente Próximo concentra la atención y su único horizonte parece un alto el fuego inmóvil y más nominal que respetado. “Es”, dice, “una espera sin claridad, sin plazos, sin certeza”, en la que la vida ha mejorado para más de dos millones de personas, pero sigue marcada por el sufrimiento y constreñida al 48% de la minúscula Franja que gobierna Hamás. El resto lo ocupa el ejército de Israel, que sigue lanzando bombardeos (puntuales, pero diarios) y mantiene la urgente reconstrucción casi en punto muerto. Seguir leyendo