Francisco empezó a encontrarse mal en julio de 2024. Tenía 11 años, vivía en Mozambique y, poco a poco, fue perdiendo el apetito y las fuerzas. Los médicos no supieron diagnosticar qué le pasaba. “Nos dijeron que no tenía ninguna enfermedad”, relató su padre meses después en una clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Mueda, en el norte del país. No fue hasta una nueva visita al hospital, en marzo de 2025 y tras repetirle las pruebas, cuando llegó el diagnóstico: tuberculosis resistente a los medicamentos. Para entonces habían pasado ocho meses desde los primeros síntomas.Seguir leyendo