En vía Rasella, en pleno centro de Roma, hay un edificio acribillado. Las metralletas dejaron tantos agujeros que basta una visita por Google Maps para verlos. Por ahí transitaba la tarde del 23 de marzo de 1944, en la ciudad ocupada por Alemania, el batallón Bozen, cuando el grupo partisano Gap hizo estallar dos bombas. Murieron 33 soldados, mientras sus compañeros supervivientes disparaban hacia todos los lados. Todavía lo recuerdan los muros. E Italia entera: la venganza nazi trucidó al día siguiente en las Fosas Ardeatinas a 335 personas, 10 por cada alemán fallecido. Los dos episodios ocupan desde entonces los manuales de historia y la memoria. Pero, hace tres años, se reescribieron. Seguir leyendo