Estados Unidos ensaya estos días con Irán un juego diplomático plagado de ofertas y desmentidos, un baile de sombras donde las propuestas de paz de la Casa Blanca chocan con los supuestos rechazos de un Teherán herido. El objetivo oficial es detener la guerra iniciada por Israel y Estados Unidos el 28 de febrero, pero sobre el tablero pesa el lastre de casi medio siglo de agravios. Hay una desconfianza patológica entre las partes, alimentada por décadas de promesas rotas y zarpazos militares que han convertido la diplomacia en un campo de minas. Los bombardeos actuales resuenan en el recuerdo junto al eco de la humillante operación Garra de Águila en 1980, de Estados Unidos.Seguir leyendo