En Puig hay dos genes que han conformado desde el inicio el ADN de esta empresa catalana de perfumería, moda y maquillaje. Uno es el gen de empresa familiar: mirada larga, pensar siempre en el legado a la siguiente generación, construcción de un proyecto perdurable. El otro es el gen de empresa cotizada, que Puig ya tenía incluso antes de su salida a Bolsa en mayo de 2024: gestión profesional, frialdad y racionalidad en las decisiones, rendición de cuentas. En el nuevo salto que enfrenta ahora la familia Puig, los dos genes se vuelven a dar la mano. La posible fusión con Estée Lauder, cuyas negociaciones ambas compañías han confirmado, no es solo una operación corporativa para ganar tamaño y competir con los más grandes del sector; también es una manera de situar el proyecto familiar en una nueva dimensión después de muchos años marcados por el proceso de profesionalización de esta compañía, en el que la cuarta generación de los Puig tiene muy asumido que no tendrá ningún rol ejecutivo.Seguir leyendo