Saturno ha desconcertado a los científicos durante muchos años: la velocidad de rotación del planeta cambiaba lentamente con el tiempo; sin embargo, esto no debería haber sido posible, ya que un planeta no puede simplemente acelerar o desacelerar su giro.La estructura de temperatura asimétrica revelada en el artículo, tal como se observó con el telescopio espacial James Webb (JWST), se encuentra desplazada con respecto a la dirección en la que fluyen las corrientes hacia dentro y hacia fuera del planeta. En última instancia, los vientos generados por este desplazamiento de temperatura son los que impulsan dichas corrientes. Crédito: Imagen/vídeo NASA/ESA/CSA, Tom Stallard (Universidad de Northumbria), Melina Thévenot, Macarena García Marín (STScI/ESA).Investigadores de la Universidad de Northumbria han utilizado el telescopio espacial más potente jamás construido para resolver uno de los enigmas más antiguos de la ciencia planetaria: ¿por qué Saturno parece girar a una velocidad diferente según cómo se mida? Los hallazgos, publicados en la revista Journal of Geophysical Research: Space Physics, revelan por primera vez los complejos patrones de calor y partículas cargadas eléctricamente en la aurora de Saturno, y demuestran que todo el sistema está impulsado por un ciclo de retroalimentación autosostenible alimentado por las propias auroras boreales del planeta.Saturno ha desconcertado a los científicos durante muchos años. Las mediciones realizadas por la sonda Cassini de la NASA en 2004 sugerían que la velocidad de rotación del planeta cambiaba lentamente con el tiempo; sin embargo, esto no debería haber sido posible, ya que un planeta no puede simplemente acelerar o desacelerar su giro.Las auroras de Saturno y el telescopio espacial James WebbEn 2021, un estudio dirigido por Tom Stallard, profesor de Astronomía Planetaria en la Universidad de Northumbria, demostró que el misterio no tenía nada que ver con la rotación de Saturno. En cambio, los cambios aparentes eran impulsados por los vientos en la atmósfera superior del planeta, que producían corrientes eléctricas que creaban la señal auroral engañosa.Sin embargo, los hallazgos plantearon una pregunta adicional para el equipo de investigación: si los vientos atmosféricos eran los responsables del efecto, ¿qué era lo que causaba esos vientos?Una nueva investigación realizada por el profesor Stallard y sus colegas en el Reino Unido y Estados Unidos ha proporcionado la primera evidencia directa de la respuesta.Utilizando el Telescopio Espacial James Webb (JWST), el equipo observó la región auroral del norte de Saturno —el equivalente a las auroras boreales de la Tierra— de forma continua durante un día saturniano completo, capturando mediciones detalladas que simplemente no eran posibles con ningún instrumento anterior.Mediante el análisis del brillo infrarrojo de una molécula llamada catión trihidrógeno, que se forma en la atmósfera superior de Saturno y actúa como un termómetro natural, los investigadores pudieron producir los primeros mapas de alta resolución tanto de la temperatura como de la densidad de partículas en la región auroral de Saturno.El nivel de detalle fue extraordinario. Las mediciones anteriores presentaban errores de alrededor de 50 grados Celsius, aproximadamente iguales a las diferencias que los científicos intentaban detectar, y se obtenían combinando amplias regiones de la aurora polar caliente. Los nuevos datos del JWST fueron diez veces más precisos que las mediciones anteriores, lo que permitió al equipo mapear por primera vez detalles precisos del calentamiento y enfriamiento en la región auroral de Saturno.Lo que descubrió el equipo fue que estos patrones de temperatura y densidad coinciden sorprendentemente bien con las predicciones realizadas por modelos informáticos hace más de una década, pero solo si la fuente de calor se sitúa exactamente donde las principales emisiones aurorales entran en la atmósfera.Esto significa que la aurora de Saturno no es solo un espectáculo visual, sino que calienta activamente la atmósfera en un lugar específico. Este calentamiento localizado genera vientos que, a su vez, producen las corrientes eléctricas responsables de la aurora. La aurora, entonces, vuelve a calentar la atmósfera, manteniendo así todo el ciclo.El investigador principal, el profesor Tom Stallard, afirmó: «Lo que estamos viendo es esencialmente una bomba de calor planetaria. La aurora de Saturno calienta su atmósfera, la atmósfera genera vientos, los vientos producen corrientes que alimentan la aurora, y así sucesivamente. El sistema se autoalimenta».Durante décadas, supimos que algo extraño ocurría con la velocidad de rotación aparente de Saturno, pero no podíamos explicarlo. Luego demostramos que estaba impulsada por vientos atmosféricos, pero aún desconocíamos la razón de su existencia. Estas nuevas observaciones, posibles gracias al JWST, finalmente nos brindan la evidencia que necesitábamos para resolver este enigma.Los hallazgos también tienen implicaciones más amplias. La investigación sugiere que lo que ocurre en la atmósfera de Saturno influye directamente en las condiciones de su magnetosfera circundante —la vasta región del espacio moldeada por el campo magnético del planeta—, la cual, a su vez, devuelve energía al sistema. Esta relación bidireccional entre la atmósfera y la magnetosfera podría ayudar a explicar por qué el efecto es tan estable y duradero.Artículo relacionadoLa NASA muestra la visión más completa de Saturno hasta la fecha realizada por los telescopios espaciales Webb y HubbleEl profesor Stallard añadió: «Este resultado cambia nuestra forma de concebir las atmósferas planetarias en general. Si las condiciones atmosféricas de un planeta pueden generar corrientes hacia el espacio circundante, comprender lo que ocurre en las estratosferas de otros mundos podría revelar interacciones que aún no hemos imaginado».Fuente: Universidad de NorthumbriaReferenciaTom S. Stallard et al, JWST/NIRSpec Reveals the Atmospheric Driver of Saturn's Variable Magnetospheric Rotation Rate, Journal of Geophysical Research: Space Physics (2026). DOI: 10.1029/2025ja034578