Hay bombas de relojería medioambientales en el fondo del océano y son barcos de EE. UU.

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Uno de los mayores desafíos que enfrenta la sociedad actual es frenar el cambio climático y proteger el medio ambiente. Para ello, se buscan mecanismos que reduzcan la contaminación y, con ella, las graves consecuencias del deterioro ambiental, como el calentamiento global. A pesar de los esfuerzos y las medidas de prevención implementadas en la actualidad y las que se estudian ante eventuales catástrofes como el deshielo del Glaciar Thwaites, existen amenazas que llevan más de un siglo afectando a los ecosistemas. Este es el caso de los fondos marinos y sus habitantes, cuya salud se encuentra expuesta a un potencial desastre: los buques petroleros de la flota estadounidense hundidos durante la Primera y Segunda Guerra Mundial. Pecios hundidos con combustible en sus bodegasEste tipo de embarcaciones de transporte de crudo acabaron en los fondos submarinos en el contexto de la tensión bélica de las dos grandes guerras del pasado siglo, tal como señala el arqueólogo marítimo Michael Brennan en su ensayo publicado en la revista Heritage. Las dificultades para ubicar de manera exacta su pérdida y la falta de mecanismos para localizar y comprobar su estado ponen en marcha una cuenta atrás que camina rumbo a los cien años, incluso en algunos casos los supera, y de la que se desconoce el fin de la cuenta. Bajo el título “La arqueología de los naufragios de buques petroleros y su potencial contaminante” Brennan destaca el peligro eventual que representan un total de 87 buques hundidos en aguas estadounidenses. En su interior, se encuentra una carga protagonizada por petróleo y otros carburantes que puede suponer una completa catástrofe medioambiental tan pronto como los casos de dichos navíos venzan a la corrosión del agua salada. Nombres como los del SS William Rockefeller, que reposa en el fondo del Atlántico Occidental con 135.000 barriles de fuelóleo en su interior o el de SS Derbent, hundido durante la Primera Guerra Mundial y que ya ha perdido parte de su carga, protagonizan una amenaza latente. Falta de información y medios para valorar el estado actual de las embarcacionesPero, como decimos, no son los únicos. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) trató de establecer el potencial peligro de las 87 embarcaciones hundidas que se conocen. Para ello encontró dos complicaciones evidentes: la primera la falta de información acerca de dónde se encuentran algunos de esos pecios. Por otro lado, los medios técnicos y las limitaciones que presentan de cara a evaluar el estado real de las embarcaciones encontradas.  Al contar con una información tan limitada con respecto a la ubicación, carga y al estado actual de esos navíos tanque hundidos resulta más importante si cabe buscar una dirección en la que actuar para salvaguardar el lecho marino. Algo en lo que incide el propio Brennan al constatar que esas dificultades hacen que "nuestra labor de priorizar y mitigar la contaminación proveniente de los naufragios de la Segunda Guerra Mundial sea más difícil y urgente”. La Primera y Segunda Guerra Mundial tuvieron consecuencias catastróficas en materia de pérdida de vidas y obligaron a redefinir el mundo. Ahora, la amenaza que queda en los fondos marinos y oceánicos tras el hundimiento de buques petroleros durante dichos conflictos expone al ecosistema marino a unas consecuencias difíciles de calcular pero que causarían un daño irreparable a la salud del planeta.