569 días llevaba Mario Navas sin vestirse de luces. Y la última vez fue en su alternativa… 569 días después, toreó su segundo festejo tras un injusto ninguneo en los despachos. «¿Hay algún empresario hoy? Porque aquí hay un torero», se preguntaba un aficionado. Y tanto que lo hubo. Se enfrentó a dos toros de plaza de primera, y, sobre todo, contra un huracán que hacía remolinos con la arena. Ahí se plantó Mario con el sexto. La muleta era una bandera que más parecía servir como parapente que como engaño. Y valentísimo se plantó ante el burel, y le robó muletazos de mucho gusto. El animal era noble pero no humillaba ni decía nada. Mejor aún estuvo con el... Ver Más