El domingo por la noche, Donald Trump estaba a punto de atacar las centrales eléctricas de Irán, según amenazaba si Teherán no abría el estrecho de Ormuz. Este lunes, ese paso marítimo estratégico seguía tan cerrado en la práctica como antes. Pero el presidente de Estados Unidos anunciaba que pasaba a apostar por la diplomacia y por las conversaciones con un misterioso político iraní. “Ellos quieren llegar a un acuerdo, y vamos a hacerlo”, prometía, tras proclamar una prórroga de cinco días a su ultimátum. “Hay una posibilidad muy real”. La presión de sus aliados en el Golfo, y el temor a una desbandada en los mercados le había llevado al último de una sucesión de bandazos sobre la guerra —ahora belicoso, ahora prediciendo una paz inminente— en 24 días de ofensiva. Pero su nuevo cambio de postura no implica, necesariamente, mejores perspectivas sobre el fin del conflicto.Seguir leyendo