"Si esto no es la casta... ¿la casta dónde está?"

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Redacción ClarínLa Real Academia define casta como un grupo que forma una clase especial y permanece separado de los demás por su raza, religión o privilegios. En la Argentina de hoy, esa definición se padece día a día. Mientras el ciudadano común intenta descifrar el jeroglífico de una factura de servicios con aumentos exponenciales, o elige qué medicamento dejar de comprar porque la prepaga se volvió un artículo de lujo, el Senado parece habitar una dimensión paralela. Los aumentos en las dietas de los senadores no son solo una cifra, son un mensaje: “Nosotros no somos como ustedes”.Resulta obsceno hablar de ajuste y sacrificio cuando quienes firman los decretos se autoperciben merecedores de sueldos que multiplican por 20 o 30 una jubilación mínima. Lo que para un legislador es un simple trámite de mano alzada, para un jubilado es la diferencia entre comer fideos o arroz una vez por semana o no comer. Las jubilaciones de hambre no son solo una falla económica; son un cachetazo artero a quienes sostuvieron el país con sus aportes durante décadas. Ver a un senador nacional aumentar su dieta de forma exprés, mientras un jubilado debe hacer malabares para subsistir con un bono irrisorio y congelado como el corazón de los políticos, es la prueba de que el privilegio sigue intacto.Nos prometieron que el ajuste lo pagaría la política. Sin embargo, la casta no se destruye, solo se transforma. Conserva siempre la misma esencia: la de una élite blindada ante la realidad que ellos mismos generan. “No hay plata”, dicen. Pero para ellos, sí. Si el privilegio de aumentarse el sueldo por encima de la inflación, mientras el resto del país se hunde en la pérdida del poder adquisitivo, no es la definición exacta de casta, entonces habría que inventar una palabra nueva. Pero no hace falta. El pueblo la conoce bien, porque es el que siempre termina pagando la cuenta de una fiesta a la que nunca fue invitado. La casta siempre está en orden.Francisco Manuel Silva frsilva50@gmail.comOTRAS CARTAS“Suicidio aperturista”Tiempo atrás, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, cometió el sincericidio de aconsejar la compra de dólar barato (“comprá, campeón”). O sea, imitarlo en su profesión financiera especulativa que tanto perjuicio ha hecho al país, empobreciendo al pueblo y debilitando el sistema republicano. No dijo “invertí en algo productivo: industrial, comercial, profesional, deportivo. Y si es posible, dando empleo”, sino apuntó a preservar el valor de su tenencia adquiriendo moneda extranjera. Que de ahí en más se repitieran los argumentos de baratura, para una apertura cuasi indiscriminada de la importación, en desmedro de una razonable protección contra el “dumping social chino”, solo medió lo que tarda en llegar al país un barco desde Oriente. No es que me embargue encono con aquel país que todo ofrece a precio popular y buena calidad. Simplemente, también el comercio mundial debe equilibrarse como un match de box con pesos equivalentes. Ya que a nadie se le ocurriría -como sí lo pretende nuestro gobierno- subir al ring a Mike Tyson versus Pascualito Pérez. Eso no es competencia... es suicidio.Adrián A. Klas viyurklas@gmail.comVoces sobre el caso AdorniEl kirchnerismo sigue jugando sucio: intenta ensuciar al presidente Javier Milei con casos como $LIBRA y utiliza a Manuel Adorni como chivo expiatorio, mientras oculta décadas de corrupción y mala gestión. La ciudadanía no puede ni debe tolerar que se manipule la realidad para distraer de los problemas reales: inflación, desempleo y pérdida de confianza en las instituciones. Pretender que los mismos que arruinaron la economía vuelvan a dar lecciones es un insulto a todos los argentinos que sufren las consecuencias de sus errores. Es hora de memoria, responsabilidad y transparencia, no de relatos.Maria Inés Blomberg Inesblomberg@gmail.comLa amoralidad es la carencia total de sentido moral, lo que conduce a actuar sin tener la capacidad de discernir lo que está bien de aquello que está mal. No implica necesariamente maldad como sí sucede con el inmoral, que actúa a sabiendas de que está obrando mal. Es un problema que un alto funcionario público no tenga conciencia ética o moral de sus acciones como lo ha demostrado recientemente Manuel Adorni. Mala manera de honrar la ejemplaridad en el ejercicio de un cargo público.Patricio Oschlies poschlies@yahoo.com.arNewsletter ClarínRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOTags relacionadosSenado de la NaciónManuel Adorniimportaciones