Un científico japonés pasó casi 20 años clonando ratones una y otra vez para comprobar hasta dónde podía llegar la vida. La respuesta final fue mucho más brutal de lo que parecía

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Lo que empezó como un experimento extraordinario de biología reproductiva terminó convirtiéndose en una demostración involuntaria de los límites más duros de la clonación. Tras más de 1.000 ratones y decenas de generaciones, el ADN empezó a romperse hasta que la línea colapsó por completo.