Durante los años noventa, Mar Flores era una de las protagonistas de la crónica social . La modelo acaparaba todas las portadas de revistas y horas de tertulias en programas de radio y televisión. La mayor parte de las veces por temas ajenos a su trayectoria profesional y más bien centrados en su vaivenes amorosos. El pasado mes de septiembre, Flores publicó su libro de memorias 'Mar en calma', en cuyo prólogo se apunta que «a la sombra del escándalo, fue vapuleada, ofendida y acosada por todo un país que aún vivía bajo códigos machistas muy enraizados». Una autobiografía en la que la modelo cuenta su historia y cómo vivió el tormento de la fama durante años. Pasado el tsunami mediático que ha derivado a raíz de la publicación del libro, Mar Flores ha concedido una entrevista a la periodista Tania Llasera en su programa de YouTube, 'Upeka'. Durante la charla, la modelo ha revelado un impactante detalle de su vida privada desconocido hasta el momento. Ocurrió hace dos años, mientras estaba inmersa en el proceso de escritura de sus memorias. La modelo comenzó a sentir una dolencia desconocida para ella: «Yo no lo sabía pero estaba envenenada de cortisol , y tuve que ir a una clínica», ha comenzado diciendo. «La sensación era agotamiento, una nube mental, no podía pensar, no podía contar números...», ha añadido. A raíz de esto, Flores acudió a una clínica en la que le dijeron que «tenía el hígado inflamado, por mucho nivel de cortisol que tenía inflamados los riñones», por lo que tuvo que permanecer ingresada un tiempo. Una enfermedad que surgió por un pico de estrés y agotamiento: «Llevaba tres años sin descansar, durmiendo entre 3 y 4 horas y creía que era normal, sin dejar de entrenar y sin tiempo para mi», a esto se le sumaba que «quería darle importancia a todos los demás y por no darle importancia a no dormir. Era todo normal, yo era la 'superwoman', pero no me estaba dedicando tiempo para mi y peté». La modelo se asustó mucho al ver una degeneración en su cuerpo que no era propia de su edad: «Fue un shock para mi verme con todos los síntomas de ser una persona muy mayor cuando yo no estaba pasando por esa edad», ha reconocido. Momento en el que dijo 'basta' y comenzó a tomarse la vida con más calma e intentó que todo lo que pasaba a su alrededor no le afectara de sobremanera. «A partir de ahí, mi propia cabeza ha decidido que no me lo voy a permitir, y gestiono las cosas con mucha más tranquilidad . He aprendido a relativizar todo lo que me pasa», ha afirmado, aprendiendo a «distinguir lo que puedo controlar y lo que no». Aunque aún tiene que esforzarse en trabajar los puntos que más le cuestan como «la gestión del tiempo y el enfado cuando alguien llega tarde».